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Por Jorge Gómez Naredo
@jgnaredo
La oposición, desde hace años, ha insistido en el discurso de que los gobiernos emanados de Morena “hacen el ridículo” en el extranjero. Durante buena parte del mandato de Andrés Manuel López Obrador, se burlaron de él por no hablar inglés, por haber nacido en un pueblo de Tabasco, por supuestamente no “entender” la política internacional e incluso por la forma en que se vistió cuando visitó Estados Unidos.
Aquellas críticas estuvieron impregnadas de clasismo y racismo. A la élite política mexicana le irritaba que una figura como López Obrador representara al país. Lo consideraban indigno. Creían que no estaba “a la altura”.
Este discurso no cambió con la llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia de México. La oposición ha cuestionado su manera de vestir durante sus viajes al extranjero y sostiene que usar prendas de origen indígena es “hacer el ridículo”.
Sin embargo, fuera de México se observa una realidad completamente distinta. El proceso que inició López Obrador se ha convertido en un referente para muchas naciones, y el proyecto político de la Cuarta Transformación es visto como emblemático y un ejemplo a seguir.
Los reconocimientos no son aislados. Un ejemplo reciente es el premio que la Water Environment Federation (WEF) otorgó a Claudia Sheinbaum por las políticas visionarias que ha impulsado en materia de manejo del agua.
A esto se suma que The New York Times incluyó a la presidenta entre las mujeres mejor vestidas del mundo, y que la revista Forbes la ubicó como la quinta mujer más poderosa del planeta.
En síntesis, en el exterior no se percibe a los gobiernos de la 4T “haciendo el ridículo”, como insiste la oposición, sino transformando a México desde la raíz.
Y estos reconocimientos a la mandataria molestan profundamente a la oposición. Los pone furiosos. No lo soportan.