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enero 22, 2022

Piense

Castidad o demagogia

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En México el dinero desaparece sin dejar huella o dejándola volviéndolo invisible. Nadie sabe el paradero de los sobornos millonarios que pagó Odebrecht al junior Emilio Lozoya Austin –no Thalman, como dicen quienes lo confunden con su padre–, tampoco el dineral pagado por la casa blanca de Las Lomas, ni los miles de millones que componen la “estafa maestra”, el acto de simulación fraudulenta de mayores dimensiones de nuestra historia, ni tampoco los miles de millones desviados por los ex presidentes, desde de la madrid hasta peña, sin la menor explicación ni rastro alguno. Nos han saqueado miserablemente.
En la misma línea podemos anotar a la misteriosa residencia “Soledad Orozco”, llamada así por la mujer del general y ex presidente Manuel Ávila Camacho, que poco tiene que envidiar a los palacios de Europa y los jardines del Bosque de Bolonia; salvo por los torreones alberga riquezas muy semejantes a los castillos del viejo mundo como éste del viejo régimen con joyas invaluables dentro de sus paredes gigantescas y sus pilares atenienses… como los de aquel “partenón” que se construyó el célebre Arturo Durazo Moreno, tío en segundo grado de Alfonso Durazo Montaño, el actual secretario de Seguridad Pública situado entre dos fuegos.
Casi tres meses tardó el presidente López Obrador para percatarse de la inmensa residencia de Huixquilucan, patrimonio de la nación y por supuesto inajenable; esto es no susceptible de formar parte de uno de los tianguis del mandatario en curso en donde se han incluido hasta los vehículos destinados al uso de mandatarios y visitantes distinguidos extranjeros. Al paso que vamos sólo querrá venir a México la Condesa de Miravalle… para reclamar las “pensiones caídas” que el gobierno les daba por su linaje Moctezuma y que fueron cancelados desde la era de Abelardo Rodríguez con buen criterio.
Los partos históricos, como lo naturales, son siempre dolorosos. Y es por ello, además de otras mil razones, por las que el presidente está OBLIGADO a cuidarse y no vender a precios de oferta automóviles blindados para exhibirse aún más vulnerable a los ojos de sus enemigos. Recuerde: si tiene 30 millones de simpatizantes, otro tanto todavía lo repele aunque parezca otra cosa; y entre éstos últimos no faltan los radicales –como también él los tiene– que tuercen la ruta y amagan los gatillos.
López Obrador debe comprender que su deber es gobernarnos por cinco años y diez meses; ni más ni menos.

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