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En muchos momentos he tenido el privilegio de observar la historia de cerca, al estar, circunstancialmente y por mi relación de pareja, en contacto con personajes que quizá en otras circunstancias solamente hubiera conocido a través de los libros de texto. Decía bien López Obrador al referirse al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, recientemente fallecido, que era como parte de la historia viva de México y es verdad, la tremenda carga histórica de un personaje como él, hijo de uno de los presidentes más amados y valientes que hemos tenido, y su madre, Amalia Solórzano, cuya labor directa fue vital para rescatar a intelectuales españoles, mujeres y niños de las garras del fascismo español fue decisiva, aunado a la propia historia del ingeniero Cárdenas, le daban un peso que solía cargar en su rostro siempre serio, impenetrable; sus discursos perfectos en tiempo y estructura, mostraban siempre la precisión en la crítica y el señalamiento puntual.
Lo recuerdo como invitado de honor en algunos aniversarios del Exilio Español y en eventos relacionados en el puerto de Veracruz. Alto, moreno, con facciones como talladas en madera y voz aterciopelada que nunca mostró estridencia o insulto, no lo necesitaba. Lo seguimos en su carrera política, en la gubernatura de Michoacán, en la jefatura de gobierno (antes regencia) y luego con el fraude del 88 y la posterior reunión con Carlos Salinas por la que muchos nos sentimos defraudados.
Nunca quiso llevar al pueblo hacia la violencia y claudicó y desde entonces me pregunto: ¿Pensaría igual luego de ver lo que hizo al país el neoliberalismo instalado con Salinas, el Fobaproa? ¿Las masacres indiscriminadas de la guerra de Calderón? ¿El contubernio y auge del narco? La sangre que él evitó entonces, fue derramada cientos de veces por los que lo sucedieron y un momento de decisión que no se atrevió a tomar, comenzó a cobrar factura con los cientos de perredistas muertos, PRD, partido que él fundó y al que luego renunció. Crítico hasta el final, no dejó de señalar los errores de la llamada Cuarta Transformación, aunque sin la labor de Cuauhtémoc Cárdenas, ese giro progresista dado por Andrés Manuel López Obrador, jamás hubiera podido existir y es ahí cuando su labor se vuelve más importante para los tiempos que corren en un continente al que en varios países se le han arrebatado las libertades con el neofascismo, donde gobiernan títeres manejados por el gran titiritero norteamericano y en el que hoy, tenemos libertad de voz, acción y pensamiento aunque muchos lo nieguen.
Descanse en paz Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, muere el hombre, nace la historia.
Ana María Vázquez
Dramaturga/Escritora
@Anamariavazquez