25 lecturas
Por Gustavo Infante Cuevas
El boxeo no perdona los errores y O’Shaquie Foster se encargó de recordárselo al mexicano Emanuel “Vaquero” Navarrete, quien sufrió una dolorosa derrota en San Antonio y perdió los campeonatos mundiales de la OMB y la FIB de las 130 libras.
Foster no solamente ganó por decisión unánime: dominó buena parte de la pelea con técnica, velocidad, precisión y una lectura impecable de los ataques del mexicano. La diferencia quedó reflejada en las estadísticas: el estadounidense conectó 157 golpes, por apenas 99 del Vaquero, y fue mucho más efectivo cada vez que encontró la oportunidad de contraatacar.

Navarrete intentó imponer su característica presión, lanzar combinaciones y hacer valer su pegada, pero se encontró con un rival que supo mantenerlo a distancia, hacerlo fallar y castigarlo cuando quedaba expuesto. El mexicano tuvo momentos favorables, aunque nunca consiguió cambiar de manera sostenida el rumbo del combate.
El golpe definitivo llegó en el último asalto, cuando Foster mandó dos veces a la lona al peleador tricolor. Navarrete se levantó y terminó la contienda, pero la imagen fue contundente: el estadunidense había descifrado por completo su ofensiva.
Con este triunfo, Foster retuvo el cinturón del CMB y unificó tres campeonatos mundiales. Ahora está a un título de convertirse en campeón indiscutido de las 130 libras.

Para el Vaquero, la derrota representa un duro golpe, pero también una llamada de atención: la potencia no lo es todo cuando enfrente hay un rival capaz de neutralizarla.
Foster dio un golpe de autoridad; Navarrete tendrá que reinventarse. En el boxeo, el nombre pesa, pero arriba del ring manda quien demuestra ser mejor.