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Por Ana E. Rosete
Aclarando la capital
Diez años viviendo en Benito Juárez me han permitido observar sus cambios desde el lugar donde realmente importa: la calle. Aquí, la política no se mide solamente con discursos, sino con los servicios, el orden, la seguridad y la calidad de vida. Desde esa experiencia, considero que Luis Mendoza tiene una gestión que defender y una ruta para buscar la continuidad al frente de la alcaldía.
Benito Juárez no es una demarcación que pueda gobernarse con la nostalgia de sus mejores épocas. Su identidad se sostiene con resultados cotidianos y con la capacidad de responder a una ciudadanía exigente. La administración de Mendoza ha colocado la seguridad y el orden entre sus prioridades, aunque todavía tiene pendientes que atender. Gobernar también significa reconocerlos y demostrar que se pueden resolver.
La posibilidad de que Mendoza vuelva a competir abre una discusión sobre el futuro de la alcaldía.
En ese balance, los antecesores también cuentan. Christian von Roehrich quedó marcado políticamente por las investigaciones del llamado Cártel Inmobiliario y su proceso judicial. No hace falta convertirlo en protagonista de la discusión: su caso forma parte de una etapa que dejó cuestionamientos sobre la responsabilidad de quienes ejercen el poder.
Santiago Taboada, por su parte, llevó su proyecto de Benito Juárez a la contienda por la Jefatura de Gobierno en 2024, pero no consiguió la victoria. Su derrota recordó que gobernar una alcaldía y convencer a toda la capital son desafíos distintos. El capital político local no garantiza por sí solo un triunfo en la ciudad.
Después de diez años como vecina, veo en Benito Juárez una demarcación con identidad propia y expectativas altas. Mendoza tendrá que demostrar que puede mantener lo que sus habitantes valoran y corregir aquello que todavía les preocupa.
Al final, después de diez años viviendo en Benito Juárez, hay algo que puedo reconocerle a Luis Mendoza: gobernar una alcaldía con una identidad tan definida exige carácter, capacidad de gestión y entender que los vecinos no se conforman con promesas y él lo entendió bien. Su mayor desafío será demostrar que lo construido puede mejorar todavía más. Porque los buenos gobiernos no necesitan proclamarse excepcionales; necesitan que sus resultados hablen por ellos. Y esa será la medida con la que Mendoza tendrá que defender su continuidad.
