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“Quiero agradecer al presidente Donald Trump y a su gobierno por su disposición a retomar
el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela (…)”. Con estas palabras, Delcy Rodríguez inició su discurso ante la ONU el pasado miércoles 23; un día antes lo había hecho Trump, luego de referirse a lo sucedido en Venezuela: “fue una guerra (…) al vencedor le corresponden los despojos”, mientras una captura del rostro de Delcy Rodríguez, tenso y humillado, corría por todo internet.
Muchos han criticado que la presidenta Sheinbaum no haya ido a la Asamblea de la ONU; otros tantos han destacado las palabras de Trump sobre nuestro país, al que calificó como “el epicentro de la violencia de los cárteles”, a los que calificó como el “ISIS del hemisferio occidental”, y finalizó con “la seguridad y protección llegarán a México”.
Caracterizado por la amenaza, entre la sarta de mentiras y manifestaciones egolátricas que ya conocemos, habló de las embarcaciones que han destruido, clasificándolas de sospechosas y terroristas, pero sin ninguna prueba de que fueran algo más que civiles inocentes; aseguró haber resuelto ocho guerras y terminado con la guerra de Gaza. Por supuesto que nada de esto es cierto, excepto la profunda ambición de un empresario enriquecido por el saqueo (como el del oro venezolano, del que no habló). Nuestro país, junto con Brasil, son los únicos bastiones que le quedan por “conquistar” para convertir a Latinoamérica en protectorado gringo, y hacia eso están enfilando toda su energía.
Qué tendría que hacer nuestra presidenta ahí: ¿aguantar con la cabeza baja, como Delcy Rodríguez, los insultos, humillaciones y acusaciones, y después verse obligada a responder
con un discurso que amaine las aguas en lugar de uno contestatario o, por el contrario, contestar fuego con fuego a sabiendas de que estamos en desventaja?
Su ausencia, estratégica y prudente, fue más que elocuente para no dar más valor del que merece al mandatario del país vecino, pues los mismos asistentes fueron abandonando el recinto a medida que transcurrían los 40 minutos de su discurso, en una ONU tan desacreditada que, el mismo día, también participó Melania Trump.
Y aunque los principales diarios del mundo ni siquiera hicieron mención de las acusaciones
de Trump sobre nuestro país, en México la comentocracia no deja de revolcarse por el “desmerecimiento internacional de nuestra política exterior” y sueña con lo imposible: ver a nuestra presidenta en los zapatos de Delcy.
Ana María Vázquez
Dramaturga/Escritora
@Anamariavazquez
