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Por Lengua Larga
Querido lector, hoy está columnista hoy escribió más filosa que nunca. Y es que ahora verá la hipocresía de Mauricio Tabe supera los límites de lo inconcebible.
Mauricio Tabe, disque descubrió que la mejor manera de combatir el acoso es… instalar una comisión. De esas que lucen muy bonitas en el boletín, tienen nombre rimbombante, panista y sirven para pronunciar dos palabras que siempre quedan bien: “cero tolerancia”.
El alcalde de Miguel Hidalgo anunció una instancia especializada para atender denuncias de acoso y hostigamiento sexual. Prometió investigaciones, protección para las víctimas y hasta la posibilidad de que los expedientes lleguen al Órgano Interno de Control.
Todo muy feminista. Todo muy institucional. Todo muy impecable… hasta que uno mira hacia dentro de la propia alcaldía.
Porque mientras Tabe presume tolerancia cero, alrededor de su administración han persistido señalamientos que deberían obligarlo a explicar algo mucho más importante que la instalación de una comisión: ¿qué ha hecho realmente cuando las acusaciones involucran a integrantes de su estructura?
Uno de los nombres que vuelve a aparecer es el de Cristian Santillán, cercano al grupo político del alcalde pues es el achichincle del hermano de César Garrido. Medios han documentado previamente señalamientos de acoso sexual en su contra y su salida de un cargo durante la primera administración de Tabe, para después regresar a la estructura de la alcaldía. Si existen protocolos, investigaciones y consecuencias, la pregunta es inevitable: ¿cómo se explica ese regreso?
También están los señalamientos difundidos en esta propia columna contra Juan Pablo Gutiérrez, entonces funcionario de Desarrollo Social y Humano, por presuntas conductas de acoso hacia trabajadores. Y el caso de José Federico Piña, señalado públicamente por la madre de una muchacha por acosarla, no solo a ella, a varias chicas que hacen su servicio social.
Aquí no se trata de condenar a nadie sin investigación. Se trata de algo mucho más sencillo: que las reglas que Tabe anuncia para los demás también existan dentro de su propia casa.
Así que, alcalde Tabe, menos comisión de escaparate y más acciones. Porque si el acoso cabe debajo de su escritorio, ningún membrete, ninguna conferencia y ningún discurso de “cero tolerancia” va a taparlo.
Regresen a Alessandra Rojo de la Vega, la única que hizo algo por las mujeres en esa alcaldía.