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Los cuatro que entendieron el poder local

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Por Ana E. Rosete

En política hay una máxima que pocas veces falla: los gobiernos no se miden por los discursos, sino por la capacidad de resolver problemas. Y en la Ciudad de México, donde gobernar una alcaldía significa lidiar todos los días con seguridad, servicios, comercio informal, agua y movilidad, hay cuatro perfiles que, por distintas razones, han logrado colocarse en el radar.

No es un asunto de partidos. Es un asunto de operación política.

Nancy Núñez llegó a Azcapotzalco con una enorme presión. Recuperó una alcaldía para Morena y heredó una demarcación con rezagos en servicios y un electorado particularmente exigente. En menos de dos años ha optado por un estilo menos estridente y más de territorio. No aparece todos los días en redes sociales peleando con adversarios; prefiere inaugurar obras, recuperar espacios públicos y mantener cercanía con los vecinos. Su crecimiento en distintos ejercicios de aprobación demuestra que la discreción también puede dar resultados.

Del otro lado de la ciudad, Luis Mendoza ha entendido perfectamente qué esperan los habitantes de Benito Juárez: orden. Gobernar la alcaldía con mayor nivel de exigencia de la capital implica mantener servicios públicos eficientes, seguridad y una administración que no improvise. Mendoza no ha buscado reinventar el modelo; ha preferido consolidarlo, apostando por la continuidad administrativa y la atención cotidiana. En política, a veces conservar también es ganar.

Giovani Gutiérrez merece un capítulo aparte. Coyoacán dejó de ser solamente una alcaldía emblemática para convertirse en un laboratorio de gestión local. Ha logrado combinar recuperación de espacios públicos, eventos culturales, mejoras urbanas y una estrategia permanente de proximidad con los vecinos. No es casualidad que aparezca constantemente entre los alcaldes mejor evaluados de la capital. La marca “Coyoacán” volvió a fortalecerse bajo su administración.

Y está Lourdes Paz, quizá la revelación más interesante del bloque de Morena. Recibió una Iztacalco golpeada por años de desgaste político y escándalos que dañaron profundamente la confianza ciudadana. En lugar de gobernar desde la confrontación, optó por reconstruir la relación con la comunidad a través de servicios, obra pública y presencia territorial. Todavía enfrenta enormes retos, pero empieza a consolidar un liderazgo propio, lejos de las inercias que marcaron el pasado reciente de la demarcación.

Los cuatro representan proyectos políticos distintos. Dos gobiernan desde Morena y dos desde Acción Nacional. Sin embargo, comparten una característica que hoy escasea: entendieron que las alcaldías no se gobiernan desde las conferencias de prensa ni desde las redes sociales.

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