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El caso de Martina Amates, administradora del Parque Nacional Grutas de Cacahuamilpa, asesinada junto a su hija y su chofer, se suma a una peligrosa lista de asesinatos relacionados con defensores de la tierra que, se enfrentan prácticamente solos en la lucha contra grupos del crimen organizado que pretenden apoderarse de todo lo que sea productivo y represente un valor económico, ya sean tierras productivas, control de minas o en este caso, el acceso a monumentos nacionales.
Nazareth Cortés, comisariada de Bienes Comunales y activa defensora del territorio fue ultimada en una emboscada al regresar a su domicilio en San Pedro Totolapam en marzo pasado y aunque la investigación se perfila como feminicidio, no hay que dejar de lado la lucha y constantes denuncias para frenar la cacería ilegal; Roberto Chávez, otro defensor ambiental que denunciaba la tala ilegal en el municipio de Villa Madero había recibido amenazas por las denuncias que hacía al respecto; en Michoacán, Lázaro Mendoza fue ultimado y su cuerpo fue encontrado calcinado, todo por haber alzado la voz; el periodista independiente Manuel Alejandro Moreno, fue asesinado este mes, luego de haber recibido amenazas por su labor y denuncias hechas en transmisiones en directo por sus redes.
Éstos son los casos que se saben, pero hay cientos más de defensores que a diario hacen una lucha solitaria y mal pagada contra aquellos que, como auténticos enemigos de la tierra, pretenden su lucro personal, ya sea en bandas o como personal armado de empresas, ya sea mineras, inmobiliarias o caciques locales.
Ante ello, las autoridades locales parecen rebasadas y quizá hasta con cierta complicidad mientras que, los verdaderos defensores se encuentran desprotegidos, ya que los mecanismos de defensa federal han resultado visiblemente ineficientes, el CEMDA (Centro Mexicano de Derecho Ambiental) y organizaciones de derechos humanos han llamado constantemente la atención sobre los riesgos de los defensores ambientales, principalmente en estados como Oaxaca, Guerrero, Puebla, Morelos y Jalisco; sin embargo, las agresiones como intimidación, estigmatización y amenazas abiertas van en aumento y las cifras letales también lo harán si no se pone un freno radical a la explotación y se busca una protección real para los que literalmente dan su vida por nuestros recursos. Los activistas gritan, pero al parecer lo hacen desde un pozo sin fondo porque arriba, no parecen escucharles.
Ana maría Vázquez
Dramaturga/Escritora
@Anamariavazquez
