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Por Jorge Gómez Naredo
Ernesto Ruffo Appel está acusado de delincuencia organizada y huachicol fiscal. La investigación inició hace más de un año y, durante todo este tiempo, se fueron reuniendo las pruebas para acusar al exgobernador panista de Baja California. Es decir, no fue un caso en el que se haya inventado un delito de repente. Es un proceso que ya lleva tiempo.
La élite panista, sin embargo, repite que la aprehensión del exgobernador se debe a cuestiones políticas, con las cuales se busca tapar los “escándalos” de Morena.
Esta defensa ha llegado a extremos verdaderamente patéticos. Como el de Vicente Fox, quien, junto con cuatro exgobernadores panistas -Francisco Javier Ramírez Acuña y Alberto Cárdenas, de Jalisco; y Juan Carlos Romero Hicks y Miguel Márquez Márquez, de Guanajuato-, conformó un grupo de defensa de Ruffo Appel.
El expresidente Fox afirmó que “mete las manos al fuego” por el exgobernador de Baja California e indicó, falsamente, que no hay ninguna prueba contra su correligionario.
En un video difundido en redes sociales, Fox agregó: “Cuando el Estado de derecho se pone en riesgo, lo que está en juego no es el destino de una sola persona, sino el futuro de la democracia mexicana”.
La defensa de Ernesto Ruffo Appel, más que evidenciar una supuesta persecución política, ha terminado por mostrar al PAN como defensor de presuntos delincuentes. Para este grupo de panistas connotados, las pruebas presentadas por la Fiscalía General de la República no valen. Documentos, información, averiguaciones: nada de eso importa. Para ellos, Ruffo Appel es inocente y háganle como quieran.
La presidenta respondió a la conformación de este grupo y le advirtió a Fox que puede quemarse las manos si defiende a Ruffo Appel.
No cabe duda: el panismo está actuando de manera errática. Debería permitir que el proceso contra Ruffo Appel avance y no salir a defender a personajes que, si son declarados culpables, terminarán enterrando aún más a ese partido que hoy está más muerto que nunca.
