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CÉSAR A. MUÑOZ
GRUPO CANTÓN
Ciudad de México.- La necesidad económica obligo a que adultos mayores regresaran al mundo laboral, pues hombres y mujeres mayores de 60 años siguen trabajando porque dejar de hacerlo significa quedarse sin ingresos para sobrevivir.
A pesar de las enfermedades, el cansancio y los años de esfuerzo acumulados, vuelven a las calles como empacadores, vigilantes, vendedores ambulantes o trabajadores de limpieza porque el dinero no basta para pagar comida, medicamentos, servicios y vivienda.

Aunque existen apoyos económicos, para muchos adultos mayores el dinero desaparece entre gastos, la pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores representa actualmente seis mil 200 pesos bimestrales, aproximadamente tres mil 100 pesos mensuales o cerca de 103 pesos diarios.
En entrevista para Diario Basta!, don Saul Domínguez, que actualmente trabaja como empacador en un supermercado, comenta que: “Yo pensé que cuando llegara a esta edad iba a poder descansar después de tantos años de trabajar, pero la realidad fue otra. La pensión que recibo no alcanza para pagar la renta, la comida, los medicamentos y los servicios.
El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) reportó que el 37.9 % de las personas de 65 años y más se encontraba en situación de pobreza, mientras que 46.1% tenía ingresos inferiores a la Línea de Pobreza por Ingresos.
Ernesto Vadilla, quien después de trabajar durante más de cuatro décadas, tuvo que incorporarse nuevamente como vigilante para conseguir un ingreso adicional.
“Después de más de 40 años trabajando, uno piensa que al llegar a viejo va a tener tranquilidad, pero no siempre es así, a esta edad uno no busca lujos, busca poder comer, pagar lo básico y no depender de los hijos”.
La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), reportó que 49% trabaja por cuenta propia, 38% son trabajadores subordinados y remunerados, 10% son empleadores y 3% trabaja sin recibir pago.
Evaristo Flores quien atiende un puesto de dulces, asegura que los dolores físicos y las enfermedades no desaparecen, pero los gastos tampoco.
“Muchas personas creen que los adultos mayores ya no quieren trabajar, pero la mayoría de nosotros seguimos saliendo porque tenemos necesidad”, lamentó.
Personas de la terca edad enfrentan diabetes, hipertensión, problemas de movilidad o enfermedades crónicas, pero siguen activos porque dejar de trabajar significaría no tener para vivir.