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La brigada del “sí, pero…”

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Por Lengua Larga

Diputados defienden las obras

Hay quienes nacieron para legislar y hay quienes terminaron convertidos en voceros de obras públicas. En el Congreso de la Ciudad de México, varios diputados de Morena parecen haber cambiado la Constitución por el manual de relaciones públicas del Mundial 2026.

No importa si la pregunta es por el costo, por los retrasos, por las molestias o por las prioridades presupuestales. La respuesta siempre es la misma: “es para la gente”. Curiosa forma de debatir. Si alguien cuestiona una obra de dos mil millones de pesos, no responde con cifras; responde con un eslogan.

Desde hace semanas, la bancada morenista emprendió una cruzada para convencernos de que las obras mundialistas son prácticamente un acto de amor al pueblo. Que los más de 16 mil millones de pesos invertidos no fueron para el Mundial, sino para los capitalinos; que el Jardín Flotante, la remodelación del Tren Ligero, las ciclovías, los CETRAM y la repavimentación estaban destinados al bienestar eterno de la ciudad. Hasta aseguran que quienes hoy critican terminarán agradeciendo esas obras “toda la vida”.

Lo curioso es que, si las obras son tan maravillosas y evidentes, ¿por qué necesitan organizar conferencias de prensa, exhortos legislativos y campañas permanentes para convencer a la población de que sí funcionan? Cuando una obra habla por sí sola, no requiere traductores parlamentarios.

La nueva especialidad de algunos diputados parece ser explicar que todo está perfecto. Si hay comerciantes que denunciaron pérdidas por las construcciones, si hubo vecinos molestos por cierres viales o especialistas que cuestionaron algunos proyectos, eso desaparece por arte de discurso. Porque en la lógica oficial, cualquier crítica automáticamente se convierte en un ataque político y nunca en una inconformidad ciudadana.

Resulta enternecedor ver a legisladores defendiendo banquetas, pintura, jardineras y ciclovías con una pasión que rara vez muestran para discutir seguridad, agua o transporte cuando no hay reflectores internacionales de por medio.

Y ahí están, semana tras semana, explicando que no se construyó para la FIFA, sino para los vecinos; que el Mundial fue una casualidad cósmica y que, por pura coincidencia, la mayor parte de las intervenciones se concentró precisamente en los corredores que conducen al Estadio Azteca.

La narrativa ya parece concurso de improvisación. Un día presumen encuestas; otro comparan a la Ciudad de México con Nuevo León; al siguiente piden que hasta las alcaldías promocionen las obras, como si la infraestructura necesitara departamento de marketing para sobrevivir.

Quizá el verdadero legado del Mundial no sean las ciclovías ni los jardines elevados. Tal vez sea haber descubierto que Morena tiene una nueva bancada: la de los defensores oficiales del concreto. Porque legislar puede esperar, pero salir a justificar cada banqueta inaugurada parece haberse convertido en prioridad parlamentaria.

Y mientras ellos insisten en convencernos de que todo quedó perfecto, la ciudad hace lo que siempre hace: hablar por sí sola. Al final, ninguna conferencia de prensa tapa un bache, ningún boletín elimina un embotellamiento y ningún discurso convierte una obra polémica en unanimidad.

Pero qué sería de algunos diputados sin la misión de explicarnos que lo que vemos con nuestros propios ojos… en realidad no lo estamos viendo.

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