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Reconocen avance de plagas en bosques

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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN

La expansión de las plagas forestales mantiene bajo presión a los bosques mexiquenses y, para habitantes de diversas comunidades, la respuesta institucional continúa llegando demasiado tarde.


De acuerdo con información de la Protectora de Bosques del Estado de México (Probosque), durante los primeros cinco meses de 2026 fueron intervenidas mil 648 hectáreas con distintos problemas fitosanitarios, superficie que refleja el avance del deterioro ambiental en varias regiones de la entidad.

Los registros oficiales indican que los insectos descortezadores concentran la mayor parte de las afectaciones. De las 98 notificaciones de saneamiento emitidas en ejidos y comunidades, 92 correspondieron a esta plaga, responsable de daños en 291.81 hectáreas y de la pérdida de más de 44 mil metros cúbicos de madera. El resto de los reportes estuvo relacionado con plantas parásitas, epífitas y otros organismos que debilitan paulatinamente la vegetación.

Aunque la dependencia estatal realizó 225 diagnósticos fitosanitarios, 94 recorridos técnicos y 127 asesorías en 34 municipios, pobladores de zonas boscosas sostienen que dichas intervenciones se presentan cuando el problema ya se encuentra ampliamente extendido.

Señalan que los brigadistas suelen arribar una vez que el cambio de coloración del follaje evidencia árboles prácticamente condenados, reduciendo las posibilidades de contener la propagación.

Especialistas forestales coinciden en que el monitoreo preventivo debería efectuarse de manera periódica para detectar oportunamente los primeros focos de infestación. Sin embargo, advierten que la cobertura operativa resulta limitada frente a la extensión del territorio forestal mexiquense, por lo que buena parte de los esfuerzos terminan concentrándose en atender daños ya consolidados en lugar de impedir nuevos brotes.

A esta situación se suma el tiempo que transcurre entre la elaboración de los dictámenes técnicos y el inicio de las labores de saneamiento. Durante ese lapso, los insectos continúan reproduciéndose, colonizan ejemplares sanos, amplían el área comprometida y elevan el costo de recuperación de los ecosistemas.

Las consecuencias también alcanzan a las familias que dependen del bosque para complementar sus ingresos mediante actividades como el ecoturismo, la recolección de hongos o el aprovechamiento regulado de leña. Además de las pérdidas económicas, la disminución de la cobertura vegetal incrementa el riesgo de erosión del suelo, reduce la infiltración de agua hacia los mantos acuíferos y afecta el equilibrio ambiental de las comunidades serranas.

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