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Si mi maestro Hugo Argüelles viviera, ya estaría presto con la pluma para escribir con su característico humor negro lo que está pasando en México. A más de 500 años de la mal llamada “conquista”, una española de ultraderecha viene a México, solapada por los renegados mexicanos que se avergüenzan de su origen y aplauden que se nos llame “América”, que se escriba con “J” el nombre de nuestro país y que se caravanee a una extranjera en un intento de revivir la época de la Colonia con la que seguramente estarían muy cómodos.
Quizá, el autor de Los Cuervos Están de Luto y La Ronda de la Hechizada habría hecho más que usar los restos de Hernán Cortés, haría una trilogía sarcástica e incisiva, mezclando la ultraderecha, el intervencionismo y la paradoja de que un asesino saqueador, adorado por los españoles haya encontrado su destino final en las tierras que nunca conquistó, sino que se apropió, a sangre y fuego, el robo de tesoros y la destrucción de templos bajo el pretexto de “darnos un alma”. Es de humor negro que glorifiquen unos huesos, y es irónico que en Gaza también se hable de que las víctimas no tienen alma.
Hablaría del entreguismo para volver a ser “Nueva España” o, al menos, una vejiga de Estados Unidos para que el “castigo a los infieles morenistas”, sea tan grande que no puedan más que pedir también una Colonia, en donde el benevolente virrey Salinas otorgara tres centavos de limosna a los que le besaran la mano, la rodilla y el pie (en ese órden), para luego despojarlos de las escasas monedas para cobrarse los intereses de Azteca (paradójico que se llame así cuando se caracteriza por ser profundamente malinchista).
Y por supuesto que hablaría del bodrio de Nacho Cano: “Malinche”, contando una historia
cuya profundidad desconoce porque simplemente no le importa, tres horas para contar una
mentira, muy a lo Zunzunegui, otro panfleto, ambos, queriendo contarnos una historia que
conocemos mejor que ellos porque orgullosamente corre por nuestras venas.
Definitivamente Argüelles nos hablaría de la reivindicación de nuestra historia y quizá en
aquella imaginaria trilogía que podría llamarse “Trilogía Barroca Mestiza” estaría Rigoberta Menchú, usando la causa indígena como figura política, porque para los pueblos originarios de Guatemala y México, ella es totalmente desconocida.
Hugo Argüelles, mi maestro y amigo, tal vez concluiría alguna de sus obras con una frase
similar a esta: “porque una X os recuerda que ya no mandáis ni en la ortografía”
Ana María Vázquez
Dramaturga/Escritora
@Anamariavazquez