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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En distintas colonias del municipio de Cuautitlán Izcalli centros de rehabilitación para adicciones operan sin permisos, sin supervisión y, según autoridades locales, con posibles vínculos a la violencia.
Se trata de al menos 32 anexos detectados por el Ayuntamiento, ninguno con documentación en regla.
La problemática no sólo radica en la informalidad de estos espacios, sino en lo que ocurre al interior.
De acuerdo con el alcalde Daniel Serrano Palacios, durante las revisiones se ha identificado la presencia de personas con antecedentes delictivos e incluso con órdenes de aprehensión vigentes, lo que convierte a estos lugares en posibles refugios fuera del alcance de la ley.

El padrón de estos establecimientos ya fue entregado a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, con el fin de que se realicen las investigaciones correspondientes. Sin embargo, hasta el momento no se han desplegado operativos para su revisión o clausura.
Mientras tanto, vecinos de zonas como El Rosario y San Miguel advierten que la situación ha escalado. Denuncian ruidos constantes, movimientos inusuales durante la noche y la presunta retención de personas en condiciones poco claras. Para las familias, el problema ha dejado de ser invisible.
Especialistas señalan que la falta de regulación en este tipo de centros no sólo pone en riesgo a quienes buscan rehabilitación, sino que también vulnera la seguridad de las comunidades. La ausencia de controles sanitarios, legales y de seguimiento abre la puerta a abusos y a la infiltración de perfiles delictivos.
El gobierno municipal ha planteado la necesidad de coordinar acciones con instancias estatales y sanitarias para verificar permisos y cruzar información con bases de datos judiciales. El objetivo, aseguran, es evitar que estos espacios operen como zonas de impunidad.
A pesar del señalamiento público, la respuesta institucional aún no se traduce en acciones concretas. En tanto, vecinos y familias continúan conviviendo con una problemática que, advierten, crece en silencio detrás de muros que deberían ser de ayuda, no de riesgo.