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El PAN, en problemas de existencia

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Por Jorge Gómez Naredo

El PAN se fundó el 16 de septiembre de 1939. Nació como un partido de derecha que buscaba revertir los avances sociales impulsados por Lázaro Cárdenas. No surgió como una fuerza democrática ni como una organización comprometida con las mayorías, sino como una reacción conservadora frente a un proyecto popular de nación.

Con el paso del tiempo, el régimen emanado de la Revolución Mexicana fue traicionando sus propios principios. Entre las grandes causas abandonadas estuvo la democratización del país. Y fue entonces cuando el PAN vio una oportunidad. No porque creyera realmente en la democracia, sino porque entendió que esa bandera podía darle votos, legitimidad y espacio político.

La paradoja es brutal: el PAN se apropió del discurso democrático cuando quienes de verdad peleaban por la democracia eran los movimientos de izquierda, reprimidos y perseguidos por el régimen priista. Es decir, tomó una causa ajena y la convirtió en disfraz.

Cuando el PRI se hizo neoliberal, el PAN encontró su lugar natural. Uno dejó atrás cualquier asomo de nacionalismo revolucionario; el otro se consolidó como el partido predilecto de las élites económicas. Así se fue construyendo una relación de complicidad.

Por eso en 2000 no hubo una transición democrática real, sino un relevo pactado. Y por eso en 2006, cuando Andrés Manuel López Obrador apareció como una opción de izquierda con posibilidades reales de triunfo, PRI y PAN operaron para impedir su llegada a la presidencia.

Hoy el PAN vive una crisis inocultable. Se sigue vendiendo como un partido grande, pero en los hechos es una fuerza cada vez más pequeña. Apenas gobierna cuatro estados y su votación se ha desplomado.

Pero la debacle no es sólo electoral. Es, sobre todo, ideológica. Hoy nadie sabe con claridad qué defiende el PAN, más allá de oponerse a Morena y aferrarse a los restos de un viejo régimen que ya no entusiasma a casi nadie. Ha perdido votos, militancia, rumbo y sentido histórico.

Un partido sin proyecto, sin identidad y sin conexión con las mayorías entra, tarde o temprano, en fase terminal. Y el PAN, todo indica, ya está ahí.

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