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Agricultores exigen apoyos y buscan rescate de pulque en Axapusco

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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN

En los Llanos de Apan, el paisaje estuvo dominado por extensos magueyales, los productores de pulque advierten que la tradición que dio identidad a esta región, enfrenta hoy un momento crítico.
En municipios como Axapusco, antiguos tlachiqueros y pequeños productores aseguran que la actividad pulquera atraviesa un proceso de debilitamiento provocado por la falta de apoyo institucional, la disminución de cultivos de maguey y la escasa promoción del producto en los mercados actuales.


La preocupación crece entre quienes aún mantienen viva esta práctica ancestral. Muchos de ellos heredaron el oficio de sus padres y abuelos, cuando la producción de pulque era una de las principales actividades económicas del noreste del Estado de México.

Hoy la realidad es distinta. Diversas haciendas históricas vinculadas con la producción de pulque permanecen deterioradas o abandonadas, mientras que el número de magueyes cultivados en la región ha disminuido de forma considerable.

Productores locales señalan que la falta de programas de impulso al sector ha provocado que muchos jóvenes abandonen el oficio. La producción artesanal requiere años de trabajo, pues el maguey tarda cerca de una década en alcanzar la madurez necesaria para extraer aguamiel.
A ello se suma la competencia con bebidas industriales y la falta de canales de comercialización que permitan mejorar los ingresos de los productores.

Ante este panorama, los pulqueros han solicitado a las autoridades estatales implementar estrategias para rescatar la cultura del maguey, impulsar rutas turísticas y rehabilitar antiguas haciendas pulqueras que podrían convertirse en espacios de difusión cultural.

Advierten que, de no tomarse medidas pronto, una tradición que durante siglos formó parte de la vida cotidiana en el altiplano mexicano podría desaparecer lentamente.

Para los productores, el pulque no es únicamente una bebida fermentada. Es una herencia cultural que refleja la historia agrícola, social y gastronómica de la región. Por ello insisten en que preservar el cultivo del maguey y el oficio del tlachiquero no solo implica proteger una actividad económica, sino resguardar una parte fundamental de la memoria colectiva del país.

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