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Tras señalamientos difundidos en redes sociales y en medios, la institución abrió 110 expedientes por presuntos actos de extorsión y abuso de autoridad
REDACCION
La Fiscalía General de Justicia del Estado de México destapó una cloaca interna: agentes señalados por extorsionar, suplantar funciones y operar como verdugos de escritorio, cobrando cuotas bajo amenaza.
El expediente huele a pólvora política. La institución reconoció 110 investigaciones abiertas tras denuncias públicas; el saldo inicial: ocho policías de investigación enfrentan acción penal, dos fueron dados de baja y al menos 20 más caminan por la cuerda floja administrativa.
Detrás de escritorios y patrullas oficiales, la extorsión se volvió rutina.
Víctimas relataron llamadas, seguimientos y “levantones” exprés ejecutados por falsos agentes con insignias apócrifas. “Llegaban con armas y credenciales falsas; decían que ya estaba arreglado si pagábamos”, narró un comerciante, aún pálido, con la voz quebrada. Otro testigo habló de vehículos oficiales usados como garra: Charger blancos y Durango negros convertidos en instrumentos del terror.
La Fiscalía presume mano dura: tres particulares fueron imputados por secuestro exprés; 21 sujetos cayeron en flagrancia con armas, drogas y emblemas falsos; decenas de unidades fueron concentradas como evidencia.
Pero el trasfondo es político: la crisis exhibe fallas de control, omisiones y una cadena de mando incapaz de blindar a la institución. En 43 casos, los expedientes se archivaron por falta de sustento; en otros, la verdad avanza a cuentagotas porque las víctimas temen volver a declarar.
La limpieza interna llega tarde y bajo presión pública. Mientras se anuncian circulares sobre uniformes y gafetes, el daño ya está hecho: la sangre simbólica de la extorsión salpicó a la institución. En el Estado de México, la nota roja también se escribe con corrupción, y la responsabilidad política no admite excusas.