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Por Sabina Berman
1.
Cuenta una periodista argentina, que un 8 de marzo Cristina Kirchner, la mujer fuerte del partido de Izquierda de Argentina, se acodó en el barandal de un balcón, para asombrarse ante la avenida más ancha del país repleta de mujeres.
14 carriles todos repletos de mujeres caminando en una sola dirección.
–¿Cómo sucedió esto? –preguntó Cristina.
Cristina nunca había sido feminista. Le había parecido que la lucha de las mujeres era un distractor de la lucha de clases.
–¿Qué quieren todas estas mujeres? –le preguntó Cristina a la periodista.
–En lo corto, el aborto legal –le respondió la periodista. –A la larga, tumbar al patriarcado.
–Esto –dijo Cristina–no me lo pierdo.
Y el diciembre de ese mismo año Cristina pareció renacer de la irrelevancia para encabezar en el Congreso la iniciativa por legalizar el aborto –que se logró.
2.
Dicen que algo semejante le ocurrió a López Obrador, ese mismo 8 de marzo.
Vio que las mujeres entraban al Zócalo de la capital del país por cuatro avenidas, organizadas en batucadas, y no solo llenaban la gigantesca plancha, también dejaban llenas las cuatro avenidas aledañas; y no solo eso, lo propio ocurría en cada zócalo de cada ciudad de México.
Quiero imaginarme que Andrés Manuel preguntó a su secretaria de seguridad:
–¿Les dieron lonches?
–No –le informaron.
–¿Las trajeron en camiones?
–No. Las trae su conciencia de género.
Andrés Manuel también había dicho, no una vez, sino cien, que el feminismo era un distractor de la lucha de clases. Había dicho textualmente que es un movimiento progre buena ondita.
Pero ese día se le volvió evidente que el feminismo mexicano es el movimiento más vivo y numéricamente más grande del país –que en el participan mujeres de todas las clases sociales—y que no era suyo.
Un año después Andrés Manuel incluyó entre los pre-candidatos a la presidencia de su partido a una mujer; durante un año dio señales de quién era su favorita; y cuando esa mujer ganó la candidatura, el viejo zorro le alzó el brazo y dijo al micrófono:
–Es mejor que yo. Créanme.
3.
Todo eso es lo que no entienden en la Derecha mexicana. Ni la fuerza del feminismo ni su entroncamiento con la Izquierda.
Por eso no es raro que en cuanto Claudia fue por fin presidenta, empezaron a escribirle cartas de amor los intelectuales más guapos de la Derecha, incitándola a separarse de Andrés Manuel.
–Sepárate. Libérate de él. Rompe con ese hombre, yo soy más alto. No le contestes las llamadas. Hagamos tú y nosotros un nuevo plan mutuamente consentido. Claudia, acá te amamos.
Claudia les contestó que no se separaría de Andrés Manuel. Entonces los intelectuales de la Derecha se embroncaron y las cartas de amor se volvieron cartas de despecho.
–Claudia no es feminista. Claudia es una sometida. Claudia se ve por las noches con el Narco.
4.
La respuesta definitiva de Claudia es el libro que recién ha publicado –Diario de una transición histórica—y sus 35 fotos en las que aparece con Andrés Manuel. Incluida la foto de la portada.
Es verídicamente un álbum de su amor a Andrés Manuel y también es la crónica de cien y tantos días en que viajaron juntos por el país y fueron acordando la transmisión del Poder.
No quiero imaginarme la muina con que los pretendientes de Derecha de Claudia han revisado el libro.
Bueno, sí me lo imagino.
Lágrimas de bilis. Ahora empezarán las cartas de franco odio.