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Por Salvador Guerrero Chiprés
Replantearse quiénes somos
La conmemoración de los 700 años de la fundación de México-Tenochtitlán es oportunidad política, histórica y cultural para replantear quiénes somos… ante nuevos desafíos y otros nunca resueltos.
El relato fundacional del águila en un nopal devorando una serpiente está frente a la posibilidad de proyectarse hacia una identidad nacional con contradicciones y pluralidad frecuentemente problemática.
Marginación, racismo, xenofobia, desplazamiento y desigualdad urbana. Ahí está el caso de #LadyRacista, la mujer insultando a un estoico oficial de la policía, simultáneo al de una nueva generación, no necesariamente fuera del obradorismo, para la cual combatir la gentrificación es una oportunidad de visibilización política y combate a frustraciones reales o percibidas respecto del sistema político vigente.
Dos estampas de una vida democrática con sus propios baches históricos.
La protesta antigentrificación reclama un derecho a habitar la ciudad —sin especificar las obligaciones— ni depender de los ingresos u origen. El rechazo a la exclusión de la población de sus barrios, colonias y comunidades, definió la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, tiene sentido. No así, insistió, la violencia de manifestantes respecto de la cual habrá de presentarse un nuevo protocolo.
La mujer en la colonia Condesa llama “negro” al policía de tránsito, quien intentaba colocarle un inmovilizador a su auto mal estacionado. Retrato de clasismo y jerarquía racializada aún operante. Un grupito más excluyente y radical de los jóvenes en la manifestación difunden el mensaje “kill a gringo”.
La capital nacional debe ser representación de nacionalismo incluyente. Ciertamente, a propósito de la celebración pro Tenochtitlán, no lo era hace 700 años respecto de otros grupos nativos. Ojalá hubieran podido convivir aztecas y tlaxcaltecas… ¿o no?