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Ajusco y el giro copernicano

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Por Salvador Guerrero Chiprés

@guerrerochipres

SE JUEGA LA AUTENTICIDAD

Más allá del esparcimiento de fin de semana, el placer del senderismo, la comida típica de la zona e incluso de su trascendente valor como manto acuífero y reserva ecológica, el Ajusco es símbolo de una nueva dinámica institucional: las periferias en el centro de atención.

Tratadas durante décadas como zonas de sacrificio, estas áreas urbanas son ahora escenario donde se juega la autenticidad de compromisos institucionales, termómetro de la voluntad real de inclusión y justicia espacial.

La llamada teoría del desarrollo lineal consideraba la integración de las periferias como algo inevitable a un centro en progreso, aunque no se integran por sí solas.

El Ajusco es caso emblemático. Estrategias como Casa por Casa llevada ayer a la colonia San Miguel Ajusco —donde por diversos delitos este año se han registrado 194 reportes a los números 9-1-1, 089, *765 y 55 5036 3301 contra las extorsiones— exhibe reconfiguración de prioridades.

Los pendientes se reconocen, así como los aspectos puntuales de atención: combate frontal, interinstitucional e interestatal a la tala ilegal; detenciones de objetivos prioritarios —uno de ellos el Viejón, relacionado con homicidios en la zona—; proyectos para la construcción de una línea del Cablebús que conecte con Ciudad Universitaria, así como la instalación de nuevas cámaras de videovigilancia del C5.

La Jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, ha articulado un discurso centrado en el concepto de “ciudad de derechos”, que implica una redistribución de lo urbano, lo político y simbólico. Se trata de reconocer al Ajusco como generador de ciudad, no sólo como receptor de servicios.

Una agenda progresista implica un giro copernicano: dejar de ver el desarrollo como una irradiación desde el centro hacia afuera, y comenzar a construir desde las periferias.

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