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Análisis de los gobiernos

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Por Eduardo López Betancourt

Nadie podrá discutir que los actuales gobiernos tienen deuda con el pensamiento, acciones y organización política de Cuauhtémoc Cárdenas; sin él, difícilmente habría existido alternancia y una oposición verdadera que permitió transformar al país; todo comenzó con su decisión de desafiar al sistema, Cárdenas emprendió una tarea ejemplar: convocar, reunir y coordinar a miles de mexicanos, así como a distintas corrientes progresistas, en un solo movimiento. Mientras otros optaban por la violencia o acomodo gubernativo, él eligió construir una variación democrática, marcó el camino con hechos, no con discursos.

Su lucha abrió la puerta al cambio del año 2000, cuando el partido que durante décadas había ejercido el poder absoluto perdió la Presidencia. El fraude electoral de 1988 y la victoria opositora del 2000 no fueron acontecimientos aislados, preexiste entre ambos una relación histórica. Sin aquella movilización encabezada por Cárdenas, la transición hubiese sido diferente; sin embargo, Cuauhtémoc nunca consideró que sus principios estuvieran plenamente representados en administraciones posteriores, criticó sus desviaciones, excesos y errores, sin transmutar en aplaudidor por conveniencia. El Presidente, producto del Cardenismo tampoco atendió sus señalamientos, circunstancia que el tiempo habrá de valorar.

Los programas sociales, la atención a sectores pobres, la defensa del petróleo, la soberanía nacional y la educación pública, formaban parte del ideario Cardenista, mucho antes de convertirse en banderas de otros movimientos. Asimismo, heredaron de su escuela la regulación territorial, los comités y contacto directo con la ciudadanía. Por eso, los gobiernos de nuestros días poseen un compromiso político con Cuauhtémoc, le deben parte del orden que los llevó al poder y el derrotero democrático que hizo posible vencer al PRI sin recurrir a las armas. Su legado no se mide en sexenios, sino en la conversión de una nación que dejó de creer inevitable el dominio de un solo bando. Cuauhtémoc fue el puente entre el México autoritario y el de la alternancia. La llamada Cuarta Transformación, sin duda también es legataria de esa disputa que él inició con prudencia, convicción y voluntad democrática.

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