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Paulo Emilio García

Voces

La Ciudad que conquistó su gente

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Por Paulo Emilio García

Más de ocho millones de personas disfrutaron de forma gratuita y segura del Gran Desfile de Día de Muertos y de las actividades en todos los rincones de la Ciudad. Se dice en una oración, pero detrás hay décadas de lucha política y la acción de gobiernos populares y progresistas. Es resultado de una visión que entiende la cultura como un derecho y al espacio público como el escenario principal para ejercerlo.

En los noventa, cuando el PRI gobernaba esta Ciudad, los festivales en las calles estaban prohibidos o eran mal vistos, mientras la delincuencia se encontraba desatada. Treinta años después vivimos una realidad contrapuesta: Paseo de la Reforma abarrotado por el Desfile de Día de Muertos; miles de visitantes fotografiándose en el Zócalo con la Catrina Monumental, y familias disfrutando conciertos, ofrendas y actividades culturales en las alcaldías. Al igual que durante el Grito de Independencia y la Copa Mundial, el mundo vio una Ciudad de México vibrante, orgullosa de sus tradiciones y capaz de disfrutar en comunidad.

Muy lejos quedaron los deseos opositores de caos, delincuencia y enfrentamiento. No olvidamos cuando Santiago Taboada pronosticó que “los delincuentes se darían vuelo” durante el Mundial, con una ola de robos y extorsiones. Nada más alejado de la realidad. No solo hubo una enorme oferta cultural: también hubo saldo blanco en prácticamente todas las localidades donde se realizaron los festejos.

Los gobiernos transformadores demuestran que es posible garantizar seguridad en el espacio público y, al mismo tiempo, desplegar una intensa oferta cultural para disfrutar la Ciudad a ras de calle. No creemos en ciudades encerradas, donde la cultura es una mercancía reservada para quien puede pagarla y las plazas permanecen vacías por miedo. Creemos en calles iluminadas y seguras, llenas de música, memoria, arte y comunidad.

La paz no se construye prohibiendo la convivencia ni abandonando el espacio público. Se construye atendiendo las causas de la violencia, recuperando las calles y garantizando que todas y todos puedan ejercer su derecho a la cultura y a la felicidad. Esa es la diferencia entre administrar el miedo y gobernar para el bienestar. Esta es la Ciudad de los derechos: una Ciudad viva, segura y para todas y todos.

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