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Solo en México puede existir el nivel de abuso y explotación en nombre del “arte”; a lo largo de mi vida he presenciado e intervenido ante el abuso a estudiantes y trabajadores del arte con promesas de fama y fortuna, de una carrera exitosa. Embaucados con labia, retórica y muchas veces con credenciales de “exitosos” como las de Nacho Cano y su bodrio “Malinche”, con el que vendió espejitos a cualquiera que se dejara y utilizó la buena fe de estudiantes de actuación para trabajar en su montaje en condiciones carentes de regulación.
Hoy, otro español nacionalizado mexicano ha sido blanco de denuncias y ha tenido que parar la producción del cortometraje “Manos Negras”, financiado por el programa Fomento al Cine Mexicano (FOCINE); su productor, director y guionista es además dueño, de la productora que lleva su nombre: Xavier Sala Camarena.
Demasiadas responsabilidades para una persona que suele eludir los controles de la ANDA, y la Secretaría del Trabajo para los que recurre a “acuerdos personales” con ciudadanos que, al ser gente común, difícilmente saben cómo exigir sus derechos laborales, aunque el director- guionista-productor justifica que lo hace por buscar una supuesta “naturalidad en la interpretación” con lo que además, tiene el dinero de la producción en su totalidad, incluido el de los recursos destinados a los “actores no actores”. Solo en México, con escasa o nula regulación.
El caso que ha hecho suspender la filmación de “Manos Negras” ha sido la denuncia de los colectivos de cine independiente en la que exponen la actuación de una menor de 13 años, protagonista de la historia, que durante la filmación ha sido sometida a tratos denigrantes y escenas sin protección psicológica y red de apoyo íntimo (coordinador de intimidad), ya que el corazón de la historia gira en torno a la violación a la que es sometida la protagonista. La tensión acumulada durante la filmación ha hecho que gran parte de su equipo de trabajo haya renunciado debido a que estos tampoco contaban, entre otras cosas, con contratos colectivos validados por los sindicatos de la industria.
El alicantino, nacionalizado mexicano, trabaja por la libre “porque se puede”, porque no hay
controles que eviten casos de explotación o que se cuenten historias de violación, pisoteando los derechos de una menor. De nuevo la explotación permitida por la omisión de las autoridades. Los fondos públicos deberían condicionar los apoyos a contratos validados, protocolos para menores y supervisión durante el rodaje.
Ana María Vázquez
Dramaturga/Escritora
@Anamariavazquez