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La Belisario y Cuauhtémoc

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Por Eduardo López Betancourt

Sin duda, la presea más relevante que otorga el Senado de la República es la Medalla Belisario Domínguez; cada año el cuerpo legislativo elige a un mexicano fuera de serie, aquel que ha trascendido en la ciencia, cultura o cuya actividad ha dejado profunda huella en bien de la Nación.

Dicho con honestidad, en diversas ocasiones el galardón ha caído en manos de personajes por razones eminentemente políticas con acuerdos partidistas. Por fortuna, la historia también registra a grandes hombres y mujeres condecorados, como Carlos Fuentes, Miguel León Portilla, Antonio Ortiz Mena, Gustavo Baz Prada, Vicente Lombardo Toledano, Erasmo Castellanos Quinto y Manuel Gómez Morín. Es evidente que en el Senado siempre se “arma la grilla” al elegir entre las propuestas.

Un caso concreto ocurrió en 2011, durante el último tramo del gobierno de Felipe Calderón. En uno de los tantos desayunos en mi casa, por cierto, a media cuadra de su oficina le planteé a Cuauhtémoc Cárdenas que fuera candidato a la Presidencia, textualmente me indicó: “Bajo ningún concepto; tengo rencillas con Calderón”. Terco, como suelo ser yo, y siendo en ese momento Presidente de la Barra Nacional de Abogados, organismo sui géneris creado por mi antecesor, Ignacio Burgoa Orihuela, me propuse impulsarlo. Busqué el apoyo de amigos juristas e incluso del Rector en turno de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (NICOLAITA). Sin embargo, el verdadero motor a quien se le debe la medalla fue al entonces líder del Senado, Carlos Navarrete Ruiz. Como simpatizante de Cárdenas, Navarrete logró que se reconociera de manera unánime al gran connacional y extraordinario patriota que fue Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

El discurso de Cuauhtémoc durante la sesión solemne fue maravilloso, lleno de integridad, proyectando el futuro deseable para el País. Lo que sí resultó desdeñable fue la actitud indolente y maleducada de Felipe Calderón, quien no prestó atención a la alocución del ejemplar Cuauhtémoc.

Aunque el tiempo pase, el pensamiento y la obra de Cárdenas perdurarán perennemente. ¡LOOR A UN HÉROE NACIONAL!

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