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¡Maru se voló la barda!

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Maru Campos se voló la barda al revelar públicamente detalles de una conversación privada con la presidenta Claudia Sheinbaum.

La gobernadora de Chihuahua debió desechar los consejos de sus asesores. Me aseguran que José Luis Martínez Juárez, su flamante vocero vinculado a Cabeza de Vaca, le propuso hacer un recorrido por los medios de comunicación donde aplauden por dinero para contar, a manera de chisme, pormenores (tergiversados) del encuentro que sostuvo con la Presidenta.

Le hicieron creer a Maru que esa indiscreción sería un golpe de valentía frente al Poder Ejecutivo. Pero no solo se equivocaron, sino que la hicieron cometer otro de sus (múltiples) yerros.

¿Sabrá la gobernadora panista que la política, en su sustancia más pura, es un proceso de negociación continua? Quizá no, a juzgar por su torpeza.

Y es que, en un sistema republicano y federal como el mexicano, la relación entre el titular del Poder Ejecutivo Federal y los titulares de los Poderes Ejecutivos Estatales no es un asunto de afinidad personal o partidista. Ni de si se caen mal (o bien) los personajes. ¡Es una necesidad estructural y operativa de gobierno!

Los poderes políticos deben dialogar permanentemente. Y si hay que reunirse –en público o privado– hay que hacerlo.

Sin embargo, existen códigos no escritos de discreción diplomática que, incluso, los antiguos teóricos romanos llamaban pistis, y que podríamos describir, ahora mismo, como la confianza institucional básica que permite a dos adversarios políticos sentarse a pactar sin el temor de ser traicionados.

Y salir, como Maru Campos, a cambiar la diplomacia por bravuconerías como “no me gustan las rodilleras”, “hasta donde tope”, y tonterías semejantes, no demuestra ningún valor republicano; lo que exhibe es cerrilidad y que a Maru no le ha importado transformar su gobierno en un ring de boxeo individual.

Al ventilar públicamente una reunión tan importante, bajo el pretexto de “defenderse”, cometió un error garrafal.

¿Y sabe por qué? Porque la política vive y se nutre de la confianza. Y en el momento en que un gobernante, como María Eugenia, demuestra que no le importa salir a exponer que tuvo una reunión de carácter confidencial, se vuelve un personaje impredecible y peligroso.

La verdadera autonomía de un estado no se defiende con insultos ni descalificaciones ante el micrófono, sino con firmeza jurídica,coordinación inteligente y resultados reales para la gente.

Pero eso, ya se ve, le importa un carajo a María Eugenia Campos.

Lo que sus asesores pretendieron empaquetar como un golpe de autoridad y una proclama de valentía frente al Poder Ejecutivo Federal, terminó convirtiéndose en algo infinitamente más peligroso:

La política es, en su sustancia más pura, un proceso de negociación continua a puerta cerrada.

un vertiginoso suicidio diplomático en cadena nacional.

Maru Campos cruzó una línea roja en la política: reveló conversaciones privadas con la Presidencia de la República.

Al ventilarlas públicamente bajo el pretexto de defenderse, cometió un error garrafal. La política vive y respira de la confianza. En el momento en que un gobernante demuestra que es capaz de filtrar pactos confidenciales y hablar sin filtro,se vuelve un actor impredecible y peligroso. ¿El resultado? Los puentes con el Gobierno Federal se rompieron y la puerta de la negociación se cerró de golpe.

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