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Por Eduardo López Betancourt
En la política mexicana, como en muchos otros rubros, al parecer se depende más de la suerte que del mérito; personas sin preparación ni experiencia reciben, de la noche a la mañana, responsabilidades enormes, obviamente con efectos desastrosos. No hay carrera, exámenes, ni requisitos en cuanto a capacidad, basta un “padrino”, caerle bien al encumbrado o pertenecer al grupo indicado para amanecer como diputado, alcalde o gobernador; el caso de Guerrero representa el vivo ejemplo de cómo la fortuna puede sustituir a la virtud, dejando tras de sí improvisación e impericia para enfrentar dificultades esenciales como la inseguridad, la pobreza y el abandono. Guerrero no merece ese destino.
Pero no es un hecho aislado, existen funcionarios que jamás administraron, ni siquiera un pequeño negocio, y hoy manejan presupuestos millonarios; diputados que ignoran lo que dicta la Constitución y pretenden hacer leyes; burócratas federales que pasan de ser oficinistas, choferes, asistentes o promotores políticos a ocupar direcciones generales. También llega gente cuya principal valía es el parentesco, amistad o cercanía con quien los impuso.
El problema es el famoso “dedazo”: colocar al amigo, al incondicional o familiar, sin importar su ineptitud; mientras tanto, el espontaneo aprende sobre la marcha, la población paga las consecuencias, con obras que no se finalizan, una criminalidad creciente y gestiones sin rumbo. Gobernar no consiste en gritar, prometer o tomarse fotografías, es tener proyectos y conocimientos.
El poder público no es un premio, mucho menos una lotería, exige instrucción, trayectoria y vocación de servicio. En otros países, la práctica y los resultados cuentan para acceder a puestos de mayor responsabilidad; aquí, solo se requiere la bendición del “manda más” en turno.
Nuestra patria necesita dignatarios competentes, no individuos que confunden la fortuna con el talento. El reclamo ciudadano es cada vez más claro: si no pueden, renuncien, si carecen de aptitudes, háganse a un lado. Es urgente reemplazar al azar por el mérito, en bien de México.
COLUMNA
SALVADOR GUERRERO CHIPRÉS
ALTAVOZ
C5, apertura y territorio
Hace 15 años, cuando el entonces C4i4 comenzó operaciones en su sede de la alcaldía Venustiano Carranza, semejaba un búnker ajeno al pulso cotidiano del territorio.
En su transición incorporó en su nombre “Contacto Ciudadano” y pasó a ser el C5.
Desde esa perspectiva de ciudadanización y territorialización, así como en convergencia con las políticas de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, en los dos años recientes hemos dado un giro conceptual para acercar a las comunidades la operación de un complejo que alberga el sistema de monitoreo de 119 mil 735 cámaras, más de 28 mil altavoces de alerta sísmica y las líneas 9-1-1, 089 Denuncia Anónima, *765 SOS Mujeres y 55 5036 3301 contra la extorsión y fraude.
Los recorridos Tótem por Tótem por diferentes colonias ayudan a socializar el funcionamiento de los equipos y el uso responsable.
El programa de Visitas Cívicas ha facilitado recorridos de más de cien delegaciones de estudiantes, vecinos, diplomáticos, empresarios y políticos de distintos partidos en lo que sigue siendo un búnker de seguridad abierto a la comunidad.
Facilitar el acceso controlado ayuda a la ciudadanía a visualizar la tecnología para la protección ciudadana y no para el ejercicio arbitrario de videovigilancia, así como comprender la necesidad del buen uso de las líneas. Los datos dan cuenta de los avances: entre septiembre de este año y el mismo mes del año pasado las llamadas improcedentes disminuyeron 6.3% en su promedio diario.
Su impacto también está en el uso de herramientas frente a conductas delictivas. En su comparecencia ante diputados locales, el secretario de Seguridad Ciudadana, Pablo Vázquez, reconoció el aporte de las líneas del C5 contra la extorsión.
Esa convicción de apertura guía la estrategia Aliados C5, una red que conecta cámaras privadas con el sistema de monitoreo público.
En los primeros 15 años de operaciones en su sede, el C5 exhibe apertura y territorio.