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Por Paulo Emilio García
Nuestra Jefa de Gobierno, Clara Brugada, anunció una noticia histórica: después de más de 50 años, la UNAM tendrá un nuevo gran plantel en la Ciudad de México. La ENES Suroriente tendrá capacidad para 20 mil estudiantes; el Gobierno de la Ciudad construirá las instalaciones y la UNAM se encargará de equiparlas y operarlas. No es solo una nueva escuela: es una definición sobre el futuro que queremos construir.
La ubicación importa. Durante décadas, miles de jóvenes del suroriente han tenido que atravesar la Ciudad para ejercer su derecho a estudiar. Llevar la Universidad a las periferias significa combatir la desigualdad territorial, acercar oportunidades y demostrar que el código postal no debe determinar hasta dónde puede llegar una persona.
El contraste internacional es contundente. Mientras en la Ciudad de México construimos universidades, en Argentina el gobierno de Javier Milei recorta el financiamiento de la educación superior, golpea el salario de sus trabajadores y desprestigia a las instituciones públicas. De un lado, un proyecto que considera la educación un gasto que debe reducirse; del otro, uno que la entiende como un derecho y la inversión más importante para transformar una sociedad.
Son dos mundos frente a nuestros ojos. El primero deja a cada joven solo ante el mercado: si puede pagar, estudia; si no, queda fuera. El segundo reconoce que no existe verdadera libertad cuando el acceso al conocimiento depende del dinero, la distancia o el lugar donde se nació. La educación pública no adoctrina: libera, amplía horizontes y entrega a las personas las herramientas para decidir su propio destino.
Por eso el nuevo plantel forma parte de un proyecto más amplio. Este año, 200 mil universitarios recibirán una beca para el transporte y el Gobierno de la Ciudad construirá nuevas universidades y preparatorias en las periferias. La transformación no consiste únicamente en abrir salones, sino en garantizar que las y los jóvenes puedan ingresar, permanecer y concluir sus estudios.
El conservadurismo teme a la educación pública porque un pueblo informado cuestiona, participa y defiende sus derechos. Nosotros la fortalecemos porque confiamos en la juventud y en su capacidad para cambiar el mundo. Frente a quienes cierran puertas, nosotros construiremos escuelas.
Frente a quienes recortan derechos, nosotros abriremos caminos. La Ciudad de México ha elegido su rumbo: más educación, más derechos y más bienestar.