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Por Salvador Guerrero Chiprés
@guerrerochipres
Hace 29 años, la resistencia comunitaria en Iztapalapa impidió la construcción de un nuevo centro penitenciario en la antigua Cárcel de Mujeres y fue el punto de partida que ahora consolida la educación sobre la privación de la libertad.
Aquella gesta, encabezada por la entonces diputada local electa Clara Brugada junto a Pedro Moctezuma y la Unión de Colonos de San Miguel Teotongo transformó el destino de una demarcación históricamente relegada.
El proyecto del entonces regente priista Óscar Espinosa consideraba un reclusorio de máxima seguridad; sin embargo, con la consigna “Prepa Sí, Cárcel No” los habitantes se opusieron y exigieron aulas en lugar de celdas.
Casi tres décadas después, Brugada retorna como Jefa de Gobierno y ratifica el compromiso con la enseñanza pública mediante el anuncio de tres nuevas instituciones universitarias y cinco planteles de educación media superior para los sectores periféricos.
Dicha política social recoge un reclamo histórico de las clases populares, cuyo acceso al desarrollo intelectual suele verse frustrado por las enormes distancias geográficas y la insuficiencia de cupos en los planteles escolares tradicionales.
La síntesis de esa visión la dio ayer Brugada donde ahora es la UACM Casa Libertad: “entre la ultraderecha internacional domina una corriente punitivista que busca resolver los problemas sociales con cárceles más grandes y castigos más severos”.
En contraste, la mandataria local impulsa una reforma basada en el respeto a los derechos humanos y la eficacia de la reinserción social. Este proceso iniciará formalmente en el penal femenil de Santa Martha Acatitla.
La experiencia histórica acumulada en Iztapalapa entrelaza el acceso universal a la formación académica y la generación de segundas oportunidades, los cuales dan respuesta natural a la pregunta “¿aulas o celdas?”.
