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LA VOZ NO AUTORIZADA
Miguel García
Las protestas de trabajadores del IMSS por el aumento salarial obligan a escuchar sus demandas, pero también a preguntarse qué intereses se mueven alrededor de una institución fundamental para la salud de millones de mexicanos. Las inconformidades laborales son legítimas y deben atenderse mediante el diálogo, condiciones dignas y respuestas concretas.
El Instituto enfrenta carencias y deficiencias que no pueden ignorarse; sin embargo, tampoco es justo reducir su realidad a una imagen de caos ni desacreditar el trabajo de quienes sostienen sus servicios diariamente. Modernizar al IMSS implica invertir, mejorar la atención, fortalecer al personal y corregir problemas estructurales. Defenderlo no significa justificar sus fallas, sino exigir que se resuelvan sin convertirlas en herramientas de disputa política o sindical. ¿Quién está detrás de las marchas? Es una pregunta válida, siempre que se responda con hechos y no con especulaciones.
Lo importante es saber si las movilizaciones buscan soluciones para los trabajadores y derechohabientes o si existen intereses que pretenden frenar los cambios. Hoy, más que nunca, urge defender al IMSS: de la negligencia, de los privilegios, de la opacidad y de cualquier intento de anteponer intereses particulares al derecho a la salud. La institución pertenece a los mexicanos y su transformación debe medirse por mejores servicios, salarios dignos y resultados, no por quién obtiene mayores reflectores.
