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Aristegui ¿neofascista?

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Por Ricardo Sevilla

Desde hace mucho tiempo, Carmen Aristegui renunció a la independencia periodística para convertirse en la vocera del bloque conservador.

Aristegui y su medio llevan un par de sexenios operando bajo una estrategia deliberada de campaña negra, basada en la calumnia masiva y la repetición sistemática de contenidos para desgastar a un gobierno popular.

Carmen y sus defensores se desgarran las vestiduras, pero en el fondo estos “periodistas” imitan las tácticas informativas que caracterizaron a los regímenes totalitarios del siglo XX.

¿O qué otra cosa representa la adopción de técnicas de manipulación masiva, campañas de desacreditación orquestadas y propaganda coordinada contra el proyecto de la Cuarta Transformación?

Aristegui —integrante del mismo coro de periodistas corporativos que Carlos Loret y López-Dóriga— lleva años defendiendo los intereses del status quo oligárquico y las estructuras del viejo régimen. A la flamante conductora le importa un bledo atentar contra el interés del pueblo y la soberanía popular. ¡No tiene una pizca de humanismo!

Y que no juegue a sorprenderse. Ella sabe —o debería saber— que en México, desde los años treinta hasta la actualidad, diversos periodistas e intelectuales han adoptado, traducido y articulado distintas variantes del fascismo, el nacionalismo corporativo y el neofascismo.

Y yo agregaría que Aristegui, como en su momento Salvador Abascal Infante, se ha dedicado a promover una doctrina corporativa y ferozmente anticomunista.

Hay ilusos que opinan que el fascismo no existe en nuestro país. Pero se engañan.

El mismísimo José Vasconcelos, en su etapa tardía, adoptó hacia finales de la década de 1930 una postura abiertamente germanófila y fascista, a pesar de haber sido el intelectual, educador y exsecretario de Educación Pública que formuló la idea de la “raza cósmica”.

Se necesita ser ciego para no advertir que el enfoque editorial de Aristegui Noticias respalda, cada vez más explícitamente, las posturas del sector privado y las cúpulas empresariales.

¿Es libre y neutral la línea de Carmen? ¡Para nada! Aristegui lleva más de diez años tejiendo alianzas comerciales y de difusión con cadenas, marcas y plataformas privadas.

Una cosa más: la libertad de prensa no es de izquierda ni de derecha. Pero lo que sí es innegable es que cuando el periodismo se arrodilla ante las élites, deja de ser contrapeso para volverse complicidad.

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