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LA CASA DEL PUEBLO
XÓCHITL BRAVO ESPINOSA
Hay discursos que, más allá de las frases del momento, dejan una idea dando vueltas. Eso me ocurrió al escuchar a Clara Brugada en el Zócalo hacer un llamado a construir tres unidades: la unidad popular, la unidad del movimiento de transformación y la unidad nacional.
Me parece que vale la pena detenerse en esas tres ideas, no solamente por lo que significan políticamente, sino por lo que dicen del momento que estamos viviendo como país.
Cuando Brugada habla de unidad popular, yo lo entiendo como una invitación a no mirar la política desde lejos. A recordar que las decisiones públicas tienen rostro, nombre y consecuencias en la vida cotidiana. Una transformación que pretende ser profunda necesita de una sociedad que participe, cuestione y también exija resultados.
La segunda unidad, la del movimiento, me parece todavía más compleja. Todo proyecto político que llega al gobierno enfrenta diferencias, discusiones y momentos difíciles. Mantener la unidad no debería significar pensar todos igual. La verdadera fortaleza está en poder debatir, señalar errores y corregir, sin perder de vista aquello que se considera esencial.
Y está la tercera: la unidad nacional. En un mundo marcado por tensiones económicas y geopolíticas, hablar de soberanía vuelve a tener un peso especial. México necesita defender sus intereses y hacerlo con inteligencia, diálogo y dignidad.
Por eso, para mí, el llamado de Clara Brugada puede leerse más allá de una consigna política. Las tres unidades plantean una pregunta que no es sencilla: ¿cómo podemos mantenernos unidos sin dejar de ser plurales?
Porque unidad no debería ser sinónimo de silencio ni de pensar igual. Una democracia necesita diferencias, voces distintas y la capacidad de encontrar coincidencias cuando están en juego asuntos que nos conciernen a todos.
Quizá ahí está el verdadero desafío de estas tres unidades: que la unidad popular tenga participación; que la unidad del movimiento permita crítica y autocrítica; y que la unidad nacional se construya desde la defensa de nuestra soberanía, pero también desde el diálogo.
Más que un llamado a caminar todos por el mismo camino, yo lo entiendo como una invitación a no olvidar hacia dónde queremos llevar al país, aun cuando no siempre coincidamos en la manera de llegar.
