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Por Diana Sánchez Barrios
Las grandes ciudades han dejado de ser únicamente espacios administrativos dentro de los Estados nacionales. En el siglo XXI se han convertido en actores fundamentales de la política internacional. Frente a desafíos como cambio climático, migración, vivienda, desigualdad, movilidad, cuidados y nuevas formas de trabajo, estas metrópolis están construyendo respuestas que muchas veces trascienden las fronteras nacionales. En este contexto debe entenderse la participación de nuestra Jefa de Gobierno, Clara Brugada, en la reunión “Urban 20 (U20) 2026”, celebrada recientemente en Nueva York atendiendo la invitación realizada por su alcalde Zohran Mandami.
El encuentro representó una oportunidad para proyectar a la Ciudad de México como una metrópoli con voz propia en el escenario internacional. La importancia de esta dimensión global de la capital mexicana no reside en viajar, participar en foros o sostener reuniones con otros gobernantes. Su verdadero significado está en la posibilidad de que la CDMX participe en una conversación internacional que involucra el futuro de las ciudades y, al mismo tiempo, demuestre que desde nuestra capital se están construyendo respuestas frente a problemas que comparten millones de personas en todo el mundo.
En Nueva York, Clara Brugada presentó algunas de las experiencias desarrolladas en la capital mexicana, entre ellas las Utopías, el Sistema Público de Cuidados, así como el programa social Mercomuna y las políticas de fortalecimiento de la economía de los barrios. El interés que estas políticas despertaron entre representantes de otras ciudades muestra que la relación internacional puede ser de intercambio de experiencias: la Ciudad de México aprende de otras metrópolis, pero también tiene experiencias que compartir. Éste es un cambio importante en la manera de entender nuestra presencia mundial.
Durante mucho tiempo, México miró hacia las grandes capitales del planeta para importar modelos. Hoy la CDMX también puede presentarse como un laboratorio de políticas públicas, particularmente en materias como cuidados, espacio público, economía social, movilidad, cultura urbana y recuperación de espacios comunitarios. El reconocimiento expresado en Nueva York a las Utopías y al Sistema Público de Cuidados es significativo precisamente por eso. La experiencia de la capital mexicana comienza a formar parte de una conversación internacional sobre cómo construir ciudades que coloquen a personas, familias y comunidades en el centro de las políticas públicas.
El intercambio en Nueva York abrió la posibilidad de conocer experiencias relacionadas con seguridad comunitaria y prevención de violencias, mientras que nuestra Jefa de Gobierno planteó la necesidad de adoptar prácticas para mejorar las condiciones de quienes trabajan como repartidores de plataformas digitales, mediante espacios de descanso, sanitarios y lugares para recargar bicicletas eléctricas. Ésta debería ser la lógica de una política internacional moderna: no copiar modelos, sino intercambiar experiencias, adaptar soluciones y construir conocimiento público.
Por eso, la internacionalización de la Ciudad de México no se reduce solamente a la diplomacia tradicional. Ella incluye temas vanguardistas sobre movilidad, ciencia, universidades, innovación, economía social, derechos humanos, cultura y participación ciudadana. Necesitamos aprender del mundo, pero también tenemos mucho que enseñarle.
