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Por Juan R. Hernández
En la Ciudad de México, el automovilista paga por estacionarse en la vía pública, pero no siempre tiene claro qué recibe a cambio. Y cuando la inseguridad rebasa la banqueta y alcanza calles y carreteras, algunos terminan pagando mucho más: seguros, sistemas de protección y hasta vehículos blindados. En ambos casos aparece una misma pregunta: ¿cuánto cuesta sentirse seguro?
El diputado local Mario Enrique Sánchez Flores puso sobre la mesa el primer problema al presentar un Punto de Acuerdo para transparentar los recursos generados por los parquímetros y verificar que se cumplan obligaciones como seguros para usuarios y videovigilancia.
La propuesta busca conocer, desde 2018 y por cada zona, cuánto se recauda, cuánto recibe el Gobierno capitalino, cuánto se ejerce, qué permanece disponible y en qué obras se utiliza.
Pero el asunto va más allá del dinero. Si un ciudadano paga por dejar su automóvil en un espacio regulado, debería conocer qué seguro lo protege ante daños o robo, cómo presentar una reclamación y qué resultados han tenido esas coberturas. También tendría que saber cuántas cámaras funcionan realmente y cuántas están conectadas al C5.
Es aquí donde el tema adquiere otra dimensión.
Mientras desde el Congreso capitalino se exige comprobar las medidas de protección asociadas a los parquímetros, en las calles y carreteras crece un mercado alimentado precisamente por la percepción y los riesgos de inseguridad: el blindaje automotriz.
Integrantes de WBA Blindajes Alemanes reportan un crecimiento de 10% en esta industria, con mayor demanda en Ciudad de México, Estado de México, Guadalajara, Nuevo León y Michoacán. Empresarios, funcionarios y políticos forman parte de quienes buscan reforzar su protección.
La conexión no es menor. Cuando las medidas públicas de seguridad resultan insuficientes para las necesidades de algunas personas, la protección se convierte también en un gasto privado.
Por eso, hablar de parquímetros, seguros, cámaras y vehículos blindados no son conversaciones tan distantes. Todas terminan en el mismo punto: cuánto está pagando la sociedad por su seguridad y qué tan eficaces son las medidas que recibe a cambio.
Del dinero depositado en un parquímetro al costo de blindar una camioneta hay una enorme distancia económica, pero una preocupación común: poder transitar, estacionarse y regresar a casa con certeza.
