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Se le cae el feudo a Monreal

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Por Lengua Larga

Existen territorios que se conquistan con votos y otros que se administran como si trajeran escritura. La Cuauhtémoc fue durante años uno de los dominios políticos de Ricardo Monreal. Pero parece que al zacatecano ya le están haciendo la clásica: “señor, su tiempo de permanencia terminó”.

Y es que Arturo Ávila decidió bajarse de la contienda interna y cerrar filas con Citlali Hernández. Un movimiento que, más allá de la candidatura, tiene una lectura política bastante sabrosa: las fichas empiezan a moverse sin pedirle permiso al viejo administrador del tablero.

Monreal gobernó la entonces delegación Cuauhtémoc entre 2015 y 2017 y desde ahí construyó una red política que tuvo continuidad con Néstor Núñez. Después apareció Sandra Cuevas, con quien el monrealismo tuvo una relación política que terminó convirtiéndose en uno de esos capítulos de la política chilanga que parecen escritos por guionista de telenovela de las nueve: alianzas, rupturas, acusaciones, pleitos y todos jurando que nunca fueron tan amigos.

Ahora el asunto es que la Cuauhtémoc ya no está precisamente en la sala de Monreal.

Morena perdió la demarcación en 2021 y en 2024 Alessandra Rojo de la Vega volvió a quedarse con ella para la oposición. Así que la batalla de 2027 no solamente será por sacar al PAN-PRI-PRD del territorio: también será por ver quién manda dentro de Morena cuando toque repartir las fichas.

Y ahí Citlali empieza a incomodar.

Porque si Ávila, uno de los aspirantes que sonaba para la candidatura, decide sumarse a ella, la señal es clara: hay grupos que están buscando construir una ruta distinta.

El humor negro de todo esto es que Monreal podría terminar mirando desde la primera fila cómo otros intentan recuperar la alcaldía que alguna vez fue una de sus principales plataformas.

Primero fue delegado. Luego vino el relevo. Después los pupilos. Luego los pleitos. Y ahora la sucesión.

La Cuauhtémoc parece estar pasando de monrealista a “gracias por participar”.

Y no hay peor tragedia para un político que descubrir que su bastión ya no es bastión, sino inmueble en renta.

¿Quién le avisará a Monreal que la Cuauhtémoc ya no tiene dueño?

La política, como la muerte, es democrática.

Y los feudos también caducan.

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