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Críticos del Gobierno

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Eduardo López Betancourt

 Se requiere coherencia

No todo crítico del gobierno es un resentido, ni toda persona que abandona un cargo público carece de autoridad moral para opinar. Al contrario, la democracia exige una ciudadanía, una academia y un periodismo capaces de cuestionar al poder. Sin embargo, también requiere de un elemento que en México escasea: la coherencia.

Quien cuestiona a una institución debe estar dispuesto a explicar qué hizo cuando tuvo la oportunidad de transformarla. Quien presume una trayectoria académica debe respaldarla con obra y hechos sustentables. Y quien se ostenta como referente moral de la vida pública debe aceptar que su propio pasado sea sometido al mismo escrutinio que aplica a los demás.

El problema, por tanto, no es que Ernesto Zedillo Ponce de León o cualquier otro personaje opine; tienen todo el derecho de hacerlo. El dilema surge cuando la opinión se convierte en una herramienta para recuperar relevancia, obtener posiciones, desacreditar o negociar con el poder. Es decir, cuando la crítica se extingue al llegar el nombramiento tan esperado, cuando la retórica sustituye a la producción intelectual, o cuando quienes fueron protagonistas de una etapa política se presentan años después como simples espectadores de sus consecuencias.

La vida pública exige madurez, y la crítica de quien la expresa coherencia y objetividad. México necesita menos santones y más rendición de cuentas; menos autoelogio y más consistencia; menos memoria selectiva y más responsabilidad sobre las decisiones tomadas.

Sobre todo, el País necesita que quienes aspiran a convertirse en árbitros del debate público tengan la honestidad de reconocer que formaron parte del sistema que hoy cuestionan. La historia política mexicana ha demostrado que la distancia entre el crítico y el funcionario suele ser mucho más corta de lo que aparentan sus discursos, y que, para algunos, la diferencia entre el silencio y la indignación depende menos de los principios que de la expectativa de un cargo esperándolos.

Para concluir bienvenida la crítica constructiva despreciable cualquier comentario con ánimo provisto de amargura y más aún de quienes por su conducto buscan los reflectores y la obtención de prebendas.

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