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Por Jorge Gómez Naredo
Hoy en México existe una amenaza, y es el intervencionismo estadounidense. Esta potencia, que sin duda vive actualmente un proceso de pérdida de influencia en el mundo, busca mostrarse aguerrida, como si no hubiera perdido fuerza y peso en el mundo.
Para lograrlo, pretende controlar a los países de América Latina. Mostrar que Estados Unidos aún es fuerte, que hace lo que le da la gana, que saquea naciones, que impone condiciones, que decide lo que se debe pensar. Así se explica, por ejemplo, el secuestro del presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, y el posterior saqueo del petróleo de ese país. También así se explica la grotesca intervención que funcionarios de Estados Unidos realizaron en las elecciones presidenciales de Colombia.
México es una nación independiente y soberana, y reivindica estos principios. La presidenta Claudia Sheinbaum ha mostrado carácter e inteligencia ante Donald Trump. Es complicado resistir las presiones de Estados Unidos, pero nuestra mandataria lo ha hecho, y así lo entiende el pueblo de México.
Por eso, en este contexto, resulta absurdo que los dirigentes de los partidos de oposición estén yendo al extranjero para solicitar que otras naciones intervengan en nuestro país. Lo hizo, por ejemplo, Alejandro Moreno con sus constantes viajes a Estados Unidos. Y ahora lo están haciendo los dirigentes del PAN.
Desde hace unos días, Jorge Romero, presidente del PAN, en compañía de sus allegados, viajó a Europa para, en los hechos, solicitar que países de ese continente se fijen en México y presionen a nuestro gobierno.
Así pues, mientras la gente en México entiende que se precisa unidad para enfrentar los intentos de intervencionismo estadounidense, los líderes opositores van al extranjero en busca de apoyo y presión contra el gobierno mexicano. No cabe duda: la oposición está descolocada, perdida y sin rumbo. Y no se ve que vaya a cambiar.
