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Diego Raya
Ciudad de México.- La capital del país experimentó un crecimiento en el número de personas que se encuentran en situación de calle entre los ejercicios de 2024 y 2025. Lo anterior se puede observar en puntos concurridos de la ciudad como el Centro Histórico, Reforma, Insurgentes, el Viaducto Miguel Alemán, entre otros espacios, donde las condiciones de vida a las cuales están expuestos están por debajo de lo digno.
Según información de la Secretaría de Bienestar e Igualdad Social capitalina (Sebien), se tienen contabilizadas alrededor de dos mil 878 personas que viven en situación de calle, la mayoría se concentra en la alcaldía Cuauhtémoc —que está a cargo de Alessandra Rojo de la Vega—, con más de mil 011 personas que viven en las calles.

Si la cifra se compara con los datos obtenidos entre 2023 y 2024 por la misma Sebien, es posible establecer un crecimiento en la cantidad de pertenecientes a este sector vulnerable pues, durante dicho periodo, se contabilizaron alrededor de mil 124 personas en situación de calle.
Este número es prácticamente el equivalente al número de dicha población que únicamente se tiene ubicado al interior de la alcaldía Cuauhtémoc.
Lo anterior responde a las características de este perímetro, donde la alta concentración de turismo, negocios y movilización financiera y económica permiten a algunos de estos grupos sobrevivir de limosnas y caridad de los peatones. En ese sentido, durante recorrido de Diario Basta por la zona del Paseo de la Reforma —en dirección hacia el Centro Histórico—, así como por la Avenida Chapultepec en dirección hacia la Zona Rosa e Insurgentes, es inevitable observar a hombres y mujeres que se refugian bajo marquesinas.
Estas personas sin hogar cuentan con cartones, cobijas desgastadas y bolsas de plástico con algunas pocas pertenencias como sus únicos bienes, los cuales instalan cerca de ellos mientras duermen durante el día. Algunos otros deambulan por estas vialidades con sus pertenencias sobre la espalda, mientras la mirada busca un sitio donde se puedan refugiar de los rayos del sol, así como de los estragos de las lluvias de la temporada.
De acuerdo con la información oficial, existe asistencia social, así como la posibilidad de canalizar a albergues a este grupo vulnerable. El apoyo es gestionado por la propia Sebien, así o por el Instituto de Atención a Poblaciones Prioritarias, donde reciben valoración y apoyo institucional.
De acuerdo con el urbanista y geógrafo Ángel Hernández, el aumento de esta población tiene origen en las caravanas migratorias que se han presentado en los últimos años: “La mayor cantidad de exportación migrante se encuentra en los estados de la zona fronteriza. En Chispas, al sur y baja California, al norte del país. Las condiciones de la ciudad llaman la atención y determinan una posible oportunidad para estas personas, quienes terminan por convertirse en desplazados y además, sin un techo que los guarde”, expresó en entrevista para Diario Basta!
Desconfianza hacia el Estado propicia aumento de la población
El urbanista también señaló que uno de los principales obstáculos para atender a las personas en situación de calle es la desconfianza que existe hacia las instituciones y los programas gubernamentales. Explicó que, aunque existen mecanismos de apoyo, muchas veces estas personas no confían en las autoridades, porque la manera en que se acercan a ellas no necesariamente responde a sus necesidades, lo que dificulta que acepten los servicios que se les ofrecen.
Hernández consideró que esta desconfianza también está relacionada con la forma en que históricamente se ha abordado el fenómeno: “No se puede pretender que una persona que lleva años viviendo en la calle simplemente acepte un programa porque el gobierno se lo ofrece”, aseguró. En este sentido, sostuvo que la atención debe partir de un acercamiento distinto, que permita generar vínculos y recuperar paulatinamente la confianza de este sector de la población.
El urbanista también puntualizó que la solución no debe limitarse a retirar a las personas de determinados espacios mediante el diseño urbano o la arquitectura hostil, sino que debe existir una estrategia integral que considere sus condiciones y necesidades: “El espacio público también tiene que ser incluyente”, planteó, al señalar que quienes intervienen y diseñan las ciudades tienen responsabilidad en generar entornos que no excluyan a las poblaciones más vulnerables.
