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Por Eduardo López Betancourt
Es impactante particularmente los viernes observar a un grupo de juniors en automóviles deportivos a velocidades superiores a los 200 km por hora. En particular fue impactante la cantidad de vehículos de alta gama que, a partir de las 12 horas, invadieron la vía rápida rumbo a Acapulco.
Por supuesto ni la Guardia Nacional ni el Ejército, hicieron absolutamente nada, sin duda no faltaron los “guaruras” cuyas camionetas no alcanzaban ni lejanamente la rapidez de los bólidos de los “niños bien”, dentro de este problema la agresión contra los automovilistas fue lo cotidiano, para obligarlos a hacerse a un lado utilizaban las bocinas y todo tipo de señales y palabras altisonantes. Insistimos, las autoridades ni sus luces, demostrando con ello, que en ese País siguen siendo las influencias, lo que más nos distingue.
Fue evidente que las patrullas fueron debidamente aleccionadas para que no molestaran a los “pequeños” que salieron a divertirse.
Cada vez es más frecuente la inutilidad, con que se conducen las patrullas desplegadas en las diversas carreteras del País. En el mismo sentido debemos de precisar que las motocicletas hacen de las suyas, en especial los domingos en el trayecto de México a Cuernavaca, donde se despliegan impactantes velocidades, dando por resultado, que la inútil Guardia Nacional, solo se dedica a molestar y multar a transportes de carga que no cumplen con la normatividad.
Volviendo a los automóviles de los “hijos de papa” debemos apuntar que buena parte de ellos, carecían de placas, esto es, circulan con pleno libertinaje y ajenos al respeto que merece la ley, así insistimos, es muestra indiscutible, del influyentismo que persiste en México.
Por más que se diga, seguimos viendo un mundo de corrupción, donde la palabra presidencial, se desvanece y origina una profunda y grave decepción.
Algún día alcanzaremos el nivel de respetabilidad y cumplimiento de la ley como conducta obligada para todos los mexicanos.
