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Por Ricardo Sevilla
La ausencia de María Eugenia Campos en el Informe de la Presidenta Claudia Sheinbaum no es, ni de lejos, un acto de “prudencia” ni de cálculo político.
Ella puede decir misa, pero la realidad es que ha sido un severo error de Estado.
Y es que, al autodescartarse como la única gobernante del país que no asistió, Maru Campos priorizó su performance mediático, por encima de la responsabilidad institucional que tiene frente al pueblo chihuahuense.
La panista dijo que se sintió invitada “por compromiso y no por consideración”. Eso habla del tamaño de su ignorancia. Y es que eso revela que desconoce la naturaleza del pacto federal.
María Eugenia debería saber que las invitaciones a actos republicanos entre la Federación y los estados no son concesiones afectivas ni de cortesía personal; son obligaciones institucionales para coordinar la gobernanza de la república.
El aislamiento voluntario de la gobernadora en un evento de tan importante envergadura resulta contraproducente para la entidad que (mal) gobierna.
Y esa decisión se hace más dramática cuando se contrastan los indicadores críticos de Chihuahua frente al presupuesto y la infraestructura federal necesaria para la entidad.
A María Eugenia le importa un rábano que Ciudad Juárez y la Sierra Tarahumara continúen registrando alarmantes índices de violencia que exigen la presencia del Ejército, la Guardia Nacional y recursos directos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC).
Y al restarle importancia al diálogo institucional a este nivel complica la operatividad táctica e inteligencia conjunta.
Eso por un lado. Por otra parte, Maru se alza de hombros ante una infraestructura que, gracias a su cerrilidad, sigue desatendida
¿Por qué no ha sido más táctica y ejecutiva la gobernadora panista? ¡Solo el diablo lo sabe!
Con Ciudad Juárez como uno de los epicentros de la crisis migratoria del norte de México, María Eugenia debería saber que la atención al flujo transfronterizo exige una mesa permanente entre Cancillería, la Secretaría de Gobernación y el Gobierno del Estado, no desplantes personales.
Incluso hubo mandatarios de oposición —como los panistas o los de MC— que asistieron al Palacio Nacional o al Zócalo, entendiendo que la interlocución con el Ejecutivo Federal no implica sumisión, sino pragmatismo operativo. Pero eso no lo entiende Maru Campos.
