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3R vs el mito del dinero

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Por Salvador Guerrero Chiprés

El dinero posee una fisonomía marcadamente masculina con estructuras financieras tradicionales operadas aún y generalmente bajo reglas diseñadas por y para hombres con requisitos inalcanzables para mujeres dedicadas históricamente a labores domésticas no remuneradas.

Frente a esta exclusión estructural, el Programa de Autonomía Económica de las Mujeres en la Ciudad de México evoluciona la lógica del mercado financiero tradicional, transformando recursos públicos en herramientas de liberación directa.

Esta política pública asume la urgencia de erradicar las brechas de género mediante un esquema basado en tres pilares: recursos, redes y redistribución, definidos por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, como las tres erres de la autonomía.

La propuesta diseñada y encabezada por María Elena Esparza Guevara, coordinadora del programa impulsado desde la Secretaría de las Mujeres por su titular Daptnhe Cuevas, ayuda a romper el círculo vicioso del endeudamiento inicial al otorgar estímulos económicos únicos y no reembolsables por 25 mil pesos, permitiendo edificar proyectos productivos estables.

Al inyectar capital directo por primera vez —”una hazaña feminista” del gobierno de Brugada, dijo Esparza Guevara en la entrega de apoyos a emprendedoras— las ciudadanas adquieren un rango de agentes económicas estratégicas para el desarrollo de la metrópoli.

Esta reingeniería dialoga con tendencias globales impulsadas por organismos multilaterales encaminadas a consolidar la equidad sustantiva mediante incentivos de productividad. Silvia Morimoto, representante residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en México, valida el alcance del modelo capitalino al enmarcarlo dentro de las mejores prácticas de inclusión.

La administración capitalina sepulta el mito del dinero demostrando la viabilidad de una economía con rostro de mujer.

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