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Por Eduardo Lopéz Betancourt
Se ha vuelto costumbre, lo cual es sumamente sano, que la Jefa de Estado realice giras por el interior del País.
Entendemos teóricamente que nos manejamos como una federación conformada por estados en los cuales abundan los municipios. En la práctica, si bien es cierto que cada entidad tiene un gobernante, la realidad es que la figura presidencial opaca a los mandatarios estatales.
De esta manera, es la presidenta de la República quien es esperada en las diversas poblaciones, dando al traste con el ficticio federalismo. En nuestra Nación, el federalismo queda como un concepto teórico e irrelevante y es el presidencialismo (forma de gobierno democrática en la que el Presidente es a la vez Jefe de Estado y de Gobierno) el que ocupa el lugar prioritario.
Las giras presidenciales sirven para mantener contacto con la población, incluso para recibir reclamos de la misma, algo que no solo debe ser eventual, sino sumamente conveniente, para que en este caso la mandataria escuche las protestas, las inconformidades y que las mismas le permitan tomar las medidas adecuadas.
Es digno de elogio que se realicen las giras presidenciales, aunque tengan por momentos situaciones supuestamente desagradables, pero que al final enriquecen el que la Jefa de Estado tome, insistimos, las medidas adecuadas para atender esas inconformidades.
Por cierto, también se está presentando el fenómeno de que, durante esas giras presidenciales, haya protesta contra las autoridades, tanto estatales como municipales. Si bien se debe guardar prudente distancia, es oportuno que esas autoridades, locales o municipales, entiendan, acepten y cambien para bien del pueblo sus decisiones y conductas inadecuadas.
Dejemos en claro que el presidencialismo es un sistema que en la práctica se presenta desde hace muchos ayeres, pero el cual, lejos de criticarlo, debe ser valorado para beneficio social.