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Por Miguel García Conejo
@kurt2767
A más de un año de la próxima elección en el Estado de México, diversos actores políticos ya se comportan como aspirantes en plena competencia. Multiplican recorridos, reuniones, conferencias, fotografías y publicaciones en redes sociales con un objetivo evidente: conservar visibilidad y aparecer en las encuestas que definirán candidaturas. Alcaldes, legisladores, dirigentes partidistas y funcionarios buscan ocupar cada espacio disponible. Algunos pretenden reelegirse; otros esperan una nominación distinta.
El problema no radica en mantener contacto con la ciudadanía, sino en convertir cualquier actividad pública en promoción personal y confundir el ejercicio del cargo con una campaña anticipada.
La administración queda entonces subordinada a la imagen. Una obra, un apoyo o una reunión vecinal sirven como escenario para colocar nombres, colores y rostros. Importa más difundir la fotografía que demostrar resultados.
Mientras tanto, problemas como la inseguridad, el desabasto de agua, el deterioro vial y la falta de servicios continúan afectando a las comunidades. Esta carrera adelantada también revela la debilidad de los partidos, que con frecuencia valoran más el nivel de conocimiento de una figura que su capacidad, trayectoria o cumplimiento. Las encuestas terminan reemplazando la evaluación seria del desempeño.
El Estado de México no necesita políticos concentrados en asegurar su siguiente puesto, sino autoridades dedicadas a resolver las obligaciones del actual. Gobernar no debería ser una plataforma publicitaria ni el intervalo entre dos campañas. Antes de pedir otra oportunidad, los aspirantes tendrían que rendir cuentas sobre la responsabilidad que ya recibieron.