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Por Gustavo Infante Cuevas
Hay peleas que se ganan con los puños y otras que se ganan con la cabeza. Teófimo López hizo ambas cosas en Las Vegas. El neoyorquino derrotó por decisión mayoritaria a Rolly Romero y se convirtió en campeón mundial de tres divisiones, pero su triunfo tuvo algo más valioso que un cinturón: carácter.

Rolly tuvo el momento más peligroso en el quinto round. Un gancho le abrió una herida sobre el ojo derecho a López y después un derechazo lo hizo tambalear. Parecía que la pelea podía cambiar de dueño. Pero Teófimo no se desesperó. Al contrario: respondió con inteligencia, recuperó el control y comenzó a castigar el cuerpo de Romero.
Los números cuentan la historia: López conectó 124 golpes por 73 de Rolly y lanzó 530 por 352. Además, colocó 62 jabs, una cifra que demuestra cómo convirtió la pelea en un ejercicio de precisión y distancia.
La victoria, sin embargo, dejó polémica. Las tarjetas fueron 116-112, 115-113 y 114-114. La última resulta difícil de explicar ante una pelea que López controló durante buena parte de los 12 rounds.

Para Rolly, fue la pérdida del campeonato que había conseguido frente a Ryan García. Para Teófimo, fue mucho más: después de caer ante Shakur Stevenson, volvió a levantarse en el momento perfecto.
Ahora posee el cinturón wélter de la AMB y mira hacia una división repleta de campeones: Ryan García, Liam Paro y Devin Haney.
Teófimo no sólo ganó una pelea. Volvió a entrar en la conversación de los grandes.