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Por Eduardo López Betancourt
Me han negado la jubilación
Hasta el año 2000 fui jefe de clases en las secundarias del País, la más alta plaza académica con funciones técnicas muy peculiares del sistema de educación media. Después de cuarenta años de servicios, renuncié a mi plaza a cambio de una indemnización y se nos prometió a todos los docentes que nos jubilarían conforme a las reglas aplicables al caso. La mayoría de mis colegas recibieron tal beneficio, pero en mi caso me fue negado el derecho a la jubilación.
Entiendo en buena medida que mi sentido crítico y, mis constantes expresiones, sean motivo de incomodidad para las autoridades.
Considero que tales conductas deben desaparecer en la actualidad y, conociendo desde estudiante a Martí Batres, me atreví a buscarlo, lo cual fue algo imposible. Lograr una cita con él es, como sacarse la lotería, lo cual es lamentable, puesto que Martí y en general su familia se hicieron en la lucha social, fueron protestantes sistemáticos de las conductas arbitrarias de los funcionarios y ahora, sin más, siguen su ejemplo.
Reconozco que hace un mes o un poco menos, de la oficina del licenciado Martí Batres, se comunicó Jorge Aguilera y Paulina Bárcenas, quienes prometieron atender mi reclamo, pero nuevamente la sistemática forma de actuar: “promesas, promesas y más promesas…”. Platicando con mis colegas docentes, hemos coincidido en el pésimo trato que nos otorga el ISSSTE, pero debemos recalcar que no se trata de limosnas ni mucho menos de algo que no nos pertenezca. Aún debemos esperar que la nueva generación de gobernantes mantenga una actitud y resultados distintos a sus anteriores.
Seguiré esperando que algún día el ISSSTE me haga justicia y me cubra lo que me adeuda desde hace 26 años y que los responsables del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado estén a la altura de los derechos de los asegurados.