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Los perros tras la perra

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Por Eduardo López Betancourt

El título suena brusco y hasta tal vez carente de respeto, pero el caso concreto se presenta en zonas rurales, y no se diga en colonias populares, donde abundan los llamados perros callejeros, quienes, cuando se encuentran en celo, originan un espectáculo donde su desesperación se muestra en forma intensa. De esta manera, un sinnúmero de canes machos va tras la hembra, sin importarles ser observados por un público curioso y a veces hasta morboso. Los perros, agitados, desesperados, sedientos, urgen los favores sexuales de la hembra, quien no se deja atrapar fácilmente e incluso llega a mordisquear a alguno de sus pretendientes.

El espectáculo en cita se asemeja mucho a la actitud de los políticos, que, sin más, andan detrás de una presa que, en este ámbito, es un cargo público; desesperados, agitados, incansables, muestran su ambición sin reparar en los medios para lograr el objetivo. Particularmente, en épocas electorales, y aun antes se muestran ansiosos por convertirse en hombres del poder, en busca de lo que también se ha denominado, de manera canina, un “hueso”. Aspiramos a que algún día no sean los políticos profesionales quienes busquen un puesto oficial, sino aquellos ciudadanos de valía a quienes incluso haya que pedirles que tengan a bien dirigirnos. Sin duda, nuestra nación cuenta con personas de gran capacidad en todos los ámbitos, pero en su gran mayoría no son quienes se desesperan, se angustian, se laceran y ofenden a más no poder por alcanzar una posición política.

Hay ámbitos donde se exige con mayor rigor contar con personas de gran capacidad y experiencia; tal es el caso del sector judicial, donde deberían buscarse juristas de calidad que garanticen una pronta y recta procuración de justicia. Es imprescindible recordar que la designación de jueces ha atravesado por un desaseo nada conveniente. Las prisas y las urgencias no son las mejores consejeras.

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