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Por Ana E. Rosete
Existen gastos que se miden en pesos. Y hay otros, que se miden en vidas.
A casi nueve años del terremoto del 19 de septiembre de 2017, la Ciudad de México ha destinado miles de millones de pesos a reconstruir viviendas, edificios e infraestructura dañada.
En 2021, el Gobierno capitalino reportaba una bolsa de 15 mil 775 millones de pesos para la reconstrucción integral.
La cifra más reciente de la Secretaría de Vivienda capitalina señala que, al concluir los trabajos de reconstrucción, la inversión habrá alcanzado 14 mil 300 millones de pesos solo en vivienda, con cerca de 21 mil casas rehabilitadas o reconstruidas y entregadas gratuitamente a sus habitantes.
Y sí: reconstruir era indispensable. Miles de familias perdieron su patrimonio aquella mañana de septiembre.
La ciudad tenía una deuda con ellas y había que pagarla. Pero aquí viene la pregunta incómoda: ¿qué tanto de esos miles de millones se tradujo en una ciudad más preparada para el siguiente gran terremoto?
Colombia fue sacudida por un terremoto de magnitud 7.4 que provocó cientos de muertes, miles de heridos y daños severos en viviendas y edificios. El movimiento ocurrió apenas semanas después de los devastadores terremotos registrados en Venezuela, de magnitudes 7.2 y 7.5.
¿Y nosotros? Aquí seguimos con la memoria de no solo uno, dos 19-S, pero también con edificios viejos, construcciones que generan dudas, inmuebles que han sido señalados por vecinos y calles donde una emergencia de gran magnitud podría convertirse rápidamente en un problema de movilidad, rescate y atención médica.
La verdadera prueba no es el simulacro del 19 de septiembre. La verdadera prueba será qué ocurre cuando la alerta no sea un sonido de ensayo, sino la antesala de un terremoto que derribe edificios, corte agua, bloquee avenidas, interrumpa comunicaciones y deje a miles de personas buscando a sus familiares.
Y ahí está el pendiente. Después de gastar miles de millones en reconstruir lo que el sismo de 2017 destruyó, habría que preguntarnos cuánto dinero, esfuerzo y vigilancia estamos destinando a evitar que la próxima reconstrucción sea todavía más cara.
Si mañana nos pega un terremoto como los que acabamos de ver en Sudamérica, ¿estamos realmente preparados?
Ojalá la respuesta no tengamos que descubrirla entre los escombros.