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Paso de Cortés

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Por Eduardo López Betancourt

elb@unam.mx

REGRESO AL ORIGEN 

La presidenta de México ha propuesto que se cambie el nombre del famoso Paso de Cortés, ubicado entre los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl, para que se denomine con nombres de pueblos indígenas.

Ha sido costumbre de quien ejerce el poder, y sin duda en muchos casos con razón, evitar rendir homenaje a quienes han sido pésimos funcionarios y, más aún, sujetos sinvergüenzas a más no poder. Así, es digno de aplauso que se evite honrar a Carlos Hank González, prototipo del político deshonesto, quien acuñó aquella frase para la posteridad: “político pobre es un pobre político”. En efecto, la fortuna inconmensurable que amasó tal vez solo sea superada por la que logró la famosa “Güera Gertz”. Nombres como López Portillo, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo constituyen una vergüenza nacional, y otorgarles calles, colonias y todo tipo de reconocimiento resulta igualmente inaceptable.

Lo importante es reflexionar que nosotros los mexicanos tenemos dos orígenes: el hispano y el de los pueblos originarios, y no es correcto denostar a ninguno de los dos. Por el contrario, debemos sentirnos orgullosos de ambos y buscar, ante todo, la unidad. Un indigenismo a ultranza nos conduce a una actitud de pleno desconocimiento de nuestro pasado. Sin duda la conquista es un episodio que debe recordarse con gran pesar, pero junto con ello también las importantes aportaciones que hasta la fecha nos ha legado la cultura hispana. Nótese que apenas unos cuantos años después de la llamada conquista, se estableció la Real y Pontificia Universidad de México, y junto con ella otros importantes centros educativos. El renglón minero, solo como ejemplo, ocupó un lugar primordial, y fue precisamente en la Nueva España donde se desarrolló la institución más importante a nivel mundial en ese ramo industrial el Real Colegio de Minería. 

Definitivamente, insistimos: somos mestizos, de origen noble, y de ambas raíces debemos sentirnos orgullosos. A ello debemos sumar a quienes provienen de grupos tan diversos como judíos, árabes, alemanes, chinos e hindúes, y en general de ese gran mosaico que ha conformado, de manera tan relevante, nuestra mexicanidad.

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