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La arenita que sueña con ser piedra

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Por Lengua Larga

Hay políticos que llegan a una alcaldía, a un Congreso o a una oficina pública convencidos de que ya encontraron el botón rojo del poder. Y luego está Emiliano Rojas, el junior morenista de esos que todavía no terminan de acomodarse la credencial, pero ya se sienten respirándole en la nuca a Alessandra Rojo de la Vega. Y es que a ver, seamos netas, la alcaldesa lo está haciendo bien.

Le da tiempo para gobernar, caminar las calles, ser mamá y tiktokera.

El problema es que para soplarle en la nuca a alguien primero hay que estar lo suficientemente cerca.

Y Emiliano, seamos serios, está más cerca de ser arenita en el zapato que amenaza política para la política de oposición. Una de esas arenitas pequeñas que uno siente durante tres pasos, sacude el pie y sigue caminando. Ni lastima, ni hace bulla; nomás incomoda tantito o a veces ni eso.

Pero él no piensa lo mismo. Emiliano vive en esa curiosa dimensión paralela de la política donde cualquier declaración propia se convierte en “golpe estratégico”, cualquier crítica es una “ofensiva” y cualquier foto donde aparece de pie parece, en su imaginación, una reunión de gabinete.

Tiene esa peligrosa enfermedad de algunos políticos principiantes: confundir el eco con la influencia.

Habla de Alessandra como si estuviera a punto de disputarle el trono, cuando la realidad política parece tener otros datos: ella está jugando una partida y él anda buscando quién le presta las fichas.

Lo verdaderamente divertido es la solemnidad con la que se toma a sí mismo. Emiliano parece haber contratado dentro de su cabeza a un equipo completo de comunicación política que le repite cada mañana: “Ya eres un factor”.

Y uno quisiera decirles: sí, factor… factor de ruido. Porque hay opositores que incomodan, adversarios que preocupan y rivales que obligan a cambiar la estrategia. Emiliano, por ahora, pertenece a una categoría mucho más modesta: esos personajes que hacen declaraciones, esperan el temblor político y descubren, con cierta tristeza, que nadie movió un vaso.

Su obsesión con Alessandra tiene algo de telenovela de bajo presupuesto. Él cree que está protagonizando una guerra de poder; del otro lado probablemente están preguntándose si ya terminó la conferencia.

Y ahí está el detalle: para ser una amenaza hay que generar preocupación. Para ser rival hay que generar respeto. Para ser factor político hay que generar consecuencias.

Emiliano genera contenido. Y no necesariamente del bueno.

Quizá por eso su gran batalla no sea contra Alessandra, sino contra su propia imaginación. Porque mientras él se convence de que le sopla en la nuca, ella probablemente ni siquiera ha sentido el aire.

Y una cosa es ser oposición. Otra muy distinta es tener delirios de grandeza con presupuesto de regidor patrocinado por su mentor, Ricardo Monreal.

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