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Por Miguel García Conejo
@kurt2767
Este fin de semana México volvió a movilizarse para reforestar. Miles de árboles fueron colocados en distintos puntos del país, una acción necesaria frente a la pérdida de cobertura forestal y las variaciones climáticas que someten a nuestros bosques a sequías, incendios y temperaturas cada vez más extremas.
Pero sembrar es apenas el primer paso. Los antecedentes de la Conafor muestran que la supervivencia de ejemplares reforestados ha rondado entre 57 y 64 por ciento en diferentes evaluaciones.
Esto significa que una parte considerable puede morir después de las jornadas si no existe mantenimiento.
Ahí comienza la responsabilidad que pocas veces aparece en la fotografía oficial. Gobiernos municipales, estatales y federal deben garantizar especies adecuadas, calidad de suelo, riego, protección contra plagas y seguimiento durante los primeros años. Una campaña ambiental no puede reducirse al número de árboles plantados.
También las familias tenemos una tarea. Adoptar un ejemplar, vigilarlo, regarlo cuando sea necesario y protegerlo puede marcar la diferencia entre una estadística y un árbol que alcance la madurez.
México necesita reforestar, pero principalmente necesita conservar. El verdadero resultado no debe medirse por cuántos árboles se plantaron este fin de semana, sino por cuántos seguirán vivos dentro de cinco, diez o veinte años.